17/2/14

De paseo por las Úrsulas

Una de las calles que más me gustan de Salamanca es la de las Úrsulas. No es una gran calle, de hecho pasa muy desapercibida al visitante, ya que no entra en su ruta habitual de Plaza-Catedrales-Universidad.

Recibe su nombre del convento de las monjas Franciscanas de la Anunciación, llamadas comúnmente las Úrsulas. Este edificio religioso fue fundado en 1490 por el arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, con la finalidad de acoger su tumba. Ésto fue causa de disputa con teólogos de la universidad, debido a la magnificencia del interior de la iglesia, que contravenía la norma de austeridad franciscana. Así, el convento de las Úrsulas pasó a depender del arzobispado de Santiago de Compostela y no de Salamanca.



Paseo Úrsulas Salamanca


Desde la calle lo que más llama la atención es el enorme ábside poligonal, que parece más una torre fortificada. Los enormes contrafuertes aumentan esa sensación de robustez.


Desde este ábside que sirve además de campanario, se oyen las campanas tañer a eso de las 7 de la mañana. Es un sonido unido a gran parte de mi vida ya que la casa de mis padres está a apenas cien metros.

La iglesia tiene una sola nave cubierta por bóvedas estrelladas. En el centro se encuentra la obra maestra de la iglesia: el sepulcro del arzobispo Alonso de Fonseca II, encargado a su muerte por su hijo, el también arzobispo (de Toledo y Santiago), Alonso de Fonseca III, al gran Diego de Siloé. Está realizado en mármol de Macael y es una destacada obra del Renacimiento español. 

Su decoración con la representación de los Evangelistas, los medallones de la Anunciación y los leones alados constituye todo un ejercicio de simbología no sólo del aspecto espiritual del prelado sino también de su poder terrenal.


Calle Úrsulas estatua Unamuno



En el exterior de las Úrsulas, delante de su ábside, se encuentra la estatua dedicada a Miguel de Unamuno, realizada por Pablo Serrano, y que mira la que fuera su casa durante muchos años, la llamada casa del regidor Ovalle. En ella vivió don Miguel sus últimos años, hasta la fecha de su muerte el 31 de diciembre de 1936. Para recordar al insigne escritor, todos los años se conmemora su fallecimiento ofreciéndose una corona de flores y tocando alguna banda de música, habitualmente obras del folclore salmantino y vasco.

Según se avanza por la calle de las Úrsulas hacia el Campo de San Francisco, a mano derecha se encuentra otra pequeña iglesia, la de la Vera Cruz. En ella, en un ambiente cuasi místico de penumbra velan día y noche la custodia expuesta en el altar las Esclavas del Santísimo Sacramento. Recuerdo lo que me impresionaba de pequeña entrar en esta capilla y ver a las monjas arrodilladas de frente al altar con sus velos blancos.

El retablo del altar mayor es obra de Joaquín de Churriguera y está realizado en un complicado estilo barroco, lleno de volutas y columnas doradas.

Merece la pena, pues, desviarse un poco de la ruta salmantina habitual y dedicar un rato a esta calle recoleta y a sus dos conventos.

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