16/3/14

Paradores: el origen

Cuando pensamos en Paradores tendemos a relacionarlos con alojamientos situados en sitios vetustos, antiguos, posiblemente castillos o casonas. Quizás decorados con bargueños, armaduras y tapices. Con muebles de madera castellanos, oscuros y pesados.

Hoy por hoy esa imagen ha cambiado. Los Paradores más antiguos han hecho (o están haciendo) un lavado de cara en la mayoría de los casos. Los de nueva apertura, aun estando en edificios históricos, han sabido conjugar perfectamente la ambientación moderna, los elementos constructivos contemporáneos y todo tipo de adelantos tecnológicos con la historia de sus muros.

En esta entrada me gustaría dar a conocer la historia que hay detrás de los alojamientos españoles por excelencia que son los Paradores y su origen al inicio del siglo XX debido a una necesidad acuciante de crear alojamientos de calidad.

La magnífica fachada del Parador de Zafra.


 El siglo XX trajo a España, entre otras cosas, la percepción de la importancia económica del turismo para el economía del país. Con el cambio de siglo, en plena Belle Époque, surge un nuevo tipo de viajero que se mueve por prestigio a lo largo de Europa y pasa grandes temporadas en hoteles de lujo y balnearios repartidos por las grandes ciudades como París y Londres, los paisajes suizos o los monumentales lugares italianos.

En España, por entonces, las infraestructuras son prácticamente inexistentes y sólo se puede acceder a muchas zonas en diligencia. Los alojamientos tienen fama de malos ya desde hace años. Richard Ford, viajero e hispanista inglés, en su "Manual para los viajeros en España" de 1845, divide las posadas en tres tipos: "malas, muy malas y peores". La creación de hospedajes de calidad será una de las prioridades de las autoridades desde finales del siglo XIX, y se seguirá la estela de César Ritz en la creación de grandes establecimientos hoteleros en capitales importantes.

En 1905 el Conde de Romanones tuvo la visión de futuro de proponer al rey Alfonso XIII la creación de una Comisión Nacional de Turismo pionera en Europa y que tenía como fin "fomentar en España por cuantos medios estén a su alcance las excursiones artísticas y de recreo del público extranjero". Esto debería lograrse mediante: "la formación y divulgación de itinerarios de viajes", "estudio y gestiones con las Compañías de Ferrocarriles para organizar tarifas especiales y trenes rápidos y confortables", "concertar la mejora de los alojamientos" etc. Medidas innovadoras y que pretenden instaurar en España lo que Romanones había conocido en sus viajes al extranjero.

En 1911 esta comisión será sustituida por la Comisaría Regia del Turismo que tendrá mayor poder ejecutivo.  En su exposición de motivos se deja claro que el destino histórico-artístico y el paisajístico son dos de los motores principales del turismo.

Aquí surge la figura fundamental del Marqués de la Vega-Inclán, viajero infatigable y personaje relacionado con la Institución Libre de Enseñanza. Amigo de Cossío, Sorolla y demás intelectuales de la época, fue además historiador del arte, marchante y recuperador de la figura de El Greco del que donó gran número de obras. También donó al Estado la Casa de El Greco en Toledo.

El Convento de San Francisco, Parador de Granada.


El marqués promocionó un tipo de turismo de alto nivel, haciendo de España parte del circuito europeo, y a pesar de que no tuvo el éxito esperado sí contribuyó a la puesta a punto de lugares de interés turístico. Se trabajó, de este modo, en diversos campos como fueron las infraestructuras viarias y los ferrocarriles, se inició la tarea de promocionar la riqueza artística del país y se llevaron a cabo medidas para la protección del patrimonio histórico- artístico y de la naturaleza.

En cuanto al tema que nos ocupa, la Comisión puso en marcha un nuevo tipo de hospedaje en el que confluyeron ideas pioneras para la época, que pusieron en contacto el Turismo, la conservación del mencionado Patrimonio artístico y la restauración del mismo.

Como antes mencioné, se respondió a la demanda de los grandes viajeros a través de la idea de César Ritz, creando grandes hoteles como el Ritz y el Palace en Madrid, el Real en Santander, el María Cristina en San Sebastián o el Ritz (actual Palace) de Barcelona. Sin embargo quedaba libre una opción que agradara a un público más amplio, de poder adquisitivo medio y que se asentara en ciudades de tamaño mediano. El marqués habló claramente ante la Comisión de "el pequeño hotel de ciudades de no excesivo vecindario, pero sí de algún interés artístico, es lo que nos debe preocupar a todos y en lo que en estos momentos ocupa a la Comisaría Regia de Turismo. El automovilismo hará frecuente el tránsito por nuestras carreteras (….). El complemento es la construcción de pequeños hoteles o paradores de cierto confort, para satisfacer las necesidades modernas…".

El primer alojamiento de este tipo fue la Hospedería de Santa Cruz en Sevilla, iniciativa privada del marqués, para alojar a los visitantes de la Exposición Iberoamericana de 1929. Se rehabilitaron varias casas en el emblemático barrio, manteniendo las características populares de su arquitectura: encalados, patios, decoración... Ésta actuación evitó la degradación del barrio y también logró su dinamización.
Esta técnica de conservación y restauración fue reflejada por la Carta de Atenas de 1931, documento esencial en la historia de la conservación del Patrimonio.

Patio con terraza del Parador de Alcalá de Henares.


A la Hospedería le siguió en 1928 el Parador de Gredos y el de Mérida, germen de la Red de Paradores Nacionales y Albergues de Carretera. Como sede de estos paradores se eligieron edificios históricos, castillos, conventos o palacios adaptados a su nueva función, realizando en ellos las necesarias tareas de conservación y restauración.

Es en esa primera época cuando se asientan las bases de Paradores, su finalidad y la conjunción ideal de turismo y patrimonio. Se llega a la idea clara de que no puede haber turismo sin servicios y a la vez se le da valor a la historia y el arte español favoreciendo la adaptación de edificios emblemáticos a usos hoteleros.

Tal y como dice Fernando Gallardo, el valor de la marca Paradores es enorme y reside precisamente en su colección de edificios históricos, monumentales o pseudo-históricos, en su emplazamiento único, en su diferenciación total.


La historia de Paradores es la historia de España de los últimos 85 años. Desde aquel primer parador de Gredos de 1928 hasta el último, inaugurado en Corias el pasado verano han ocurrido muchas cosas (que veremos en próximas entradas del blog), pero perdura la idea de crear alojamientos únicos, en lugares excepcionales, cuidando hasta el último detalle y dando al viajero el confort del siglo XXI.



Para saber más acerca de la vinculación de patrimonio y Paradores:

Patrimonio histórico artístico, Victoria García Morales y Victoria Soto Caba. Ed. Ramón Areces 2011.


Lecturas de otros #POSTAMIGO que te pueden interesar:

Visitando el parador de Zafra, la magia de un palacio del siglo XV por @robinjublog





No hay comentarios :

Publicar un comentario

Muchas gracias por dejar tu comentario en Ida y Vuelta.