27/4/14

Hotel de Rome, Berlín

Nuestro primer viaje solos después de tener a Javier fue a Berlín. Una escapada en el puente de la Constitución del año 2007. El peque tenía 15 meses y se portaba bastante bien, lo suficiente para dejarlo unos días con los abuelos.

Recuerdo que tuve bastantes dudas acerca del destino y tenía hoteles reservados en varias ciudades europeas. Al final fue Berlín, una ciudad que me entusiasmó y a la que me gustaría volver para disfrutar una vez más de ella.


Como suelo hacer, investigué un poco sobre las zonas de la ciudad antes de elegir el hotel y finalmente me decidí por un hotel muy nuevo, recién inaugurado por entonces y situado en Mitte, cerca de los mayores atractivos turísticos de la ciudad: el fabuloso Hotel de Rome.

Perteneciente a la cadena de hoteles Rocco Forte que cuenta con establecimientos tan bellos y emblemáticos como el Hotel de Russie en Roma, se ha integrado en el edificio del antiguo banco de Dresde, de 1889. Es un edificio de corte imponente y clasicista que se abre a la Bebelplatz, junto a la catedral católica de Santa Eduvigis, la Staatsoper y la bonita avenida Unter den Linden (Bajo los Tilos).



Hotel de Rome fachada


Los interiores del hotel son tan grandiosos como el exterior. Decorado sobriamente en colores grises, negros y alguna nota de color que en esos días ponía la decoración navideña, no tiene nada de estridente sino más bien de sosegado. 

El personal de recepción fue correcto, como cabe esperar de un hotel así, pero el "concierge" de la entrada fue especialmente amable y respondió con simpatía a todas nuestras dudas.

La habitación, standard, era muy amplia, con zona de lectura, cama king y detalles de bienvenida, metidos en una bolsa de terciopelo rojo a modo de gorro de Santa Claus. Los tonos grises y negros de todo el hotel combinaban en esta ocasión con el azul oscuro y los cuadros de desnudos a la sanguina. El baño era grande, con bañera y ducha separados; los objetos de tocador, exquisitos.


Hotel de Rome habitación


Nuestra habitación no tenía vistas, pero estaba perfectamente insonorizada y era extremadamente tranquila y confortable, invitando en todo momento al relax y al descanso.

Otro de los valores añadidos de este magnífico hotel es el spa. Situado en el sótano del edificio, donde estaba antaño la cámara de seguridad del banco, cuenta con una piscina de agua templada maravillosa, sauna y salas de tratamiento.

La zona de la piscina está recubierta de gresite dorado que se refleja en el agua, recordando las monedas que ocuparon estas estancias hace muchos años. Este espacio de relax estaba abierto hasta bastante tarde y un par de días bajamos a darnos un baño antes de volver a salir al frío berlinés.


Hotel de Rome decoración navideña



Sin duda alguna la gran baza de este hotel, además de todo lo mencionado, es la localización. La Bebelplatz, tristemente famosa por la intentona nazi de quemar el saber de los libros en 1933, está rodeada de lugares emblemáticos: a 15 minutos andando, la Puerta de Brandenburgo; a menos, el Dom y a poco más, la Isla de los Museos. Todo un lujo. 

Además, a la vuelta de la esquina está uno de los lugares más bellos de la ciudad, la Gendarmenmarktplatz, un conjunto lleno de mesura con sus edificos simétricos que en los días que pasamos allí, estaba animadísimo por el mercadillo navideño.


Hotel de Rome Bebelplatz



Recomendaría esta joya de hotel para pasar unos tranquilos días de escapada berlinesa. Suele haber ofertas aceptables durante todo el año y, si se puede, merece la pena coger el desayuno que es estupendo. Si no, en los alrededores hay cafés que pueden servirnos perfectamente para hacer la primera comida del día.

El Hotel de Rome merece una visita no sólo por su belleza sino por haber sido testigo de muchos episodios de nuestra historia reciente. Un lugar emblemático y singular este bello hotel de Berlín.

Lo mejor del Hotel de Rome: su situación, la decoración y el spa.

Lo peor del Hotel de Rome: el precio, algo caro.

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