4/4/14

Hotel Hospes Palacio del Bailío, Córdoba

Nuestra estancia en el hotel Hospes Palacio del Bailío sólo me trae buenos recuerdos. Estuvimos hace siete años, en  nuestro primer viaje con Javier (si no contamos la Navidad en Salamanca). Eran los primeros días de abril, Semana Santa en Córdoba, sol y lluvia, azahar e incienso.


Entrada Hospes Palacio del Bailío
En la entrada del hotel.


El hotel está enclavado en pleno centro histórico cordobés, en un inmueble declarado en 1982 Bien de Interés Cultural por su especial interés histórico-artístico. Como la propia ciudad, tiene mucha historia. De sus remotos habitantes romanos dan fe las ruinas que se excavaron durante la adecuación del hotel y que se muestran bajo el acristalamiento del suelo del patio interior.


Patio del hotel
Patio interior del hotel, con restos romanos bajo el suelo y frescos en las paredes,
 también descubiertos durante la remodelación.

Después vivieron en el lugar musulmanes, un caballero cristiano de la Orden de San Juan (el bailío que da nombre al hotel), la familia del Gran Capitán, etc.
Cuando se llega al final de la calle donde está situado, nada hace predecir el exuberante interior que nos vamos a encontrar detrás de la fachada encalada. Un bonito patio que sirve de unión a los distintos edificios da la bienvenida al huésped hacia una recepción doblemente amistosa, por las bebidas que te ofrecen y por la amabilidad de todo el personal.


Detalle de bienvenida
Minimalista presentación de bienvenida en la habitación. Todo un detalle de dátiles,
frutos secos e incluso pétalos comestibles.


La habitación era un espacio amplio, con una cama grande y muy confortable, zona de lectura y escritorio y un baño con productos de Korres, dos lavabos y una estupenda bañera. Todo decorado con tonos grises y blancos, creando una zona de serenidad y tranquilidad. La iluminación cuidada en todo el hotel ayuda a crear esa relajación.


La cama de nuestra habitación
Estrenando cama.


La influencia árabe se aprecia en detalles decorativos como los arcos de herradura de uno de los pasillos, la decoración con reminiscencias de la Mezquita del Salón Castejón y el sonido del agua que proporcionan algunas fuentes.


Pasillo
Arcos de herradura en el corredor que va al jardín.


Los espacios comunes están hechos para disfrutar, los salones como el antes mencionado son tranquilos e invitan a la lectura; en el patio central del hotel se sirve el desayuno mientras se aprecian sus pinturas murales del siglo XVIII. El jardín florecido de azahar es todo un vergel que además cuenta con una piscina que promete ser una gozada en los meses de verano.


Jardín con naranjos
Agradable piscina en el patio de los naranjos.

Otro lugar mágico del Palacio del Bailío es el spa. Cuenta con varias salas de tratamiento envueltas en agradables olores y silencio. Yo me di un estupendo masaje del que disfruté muchísimo. La esteticista fue encantadora y además nos permitió acceder a la zona de aguas con el peque. Ésta consistía en tres piscinas a modo de termas romanas, situadas en el subsuelo bajo un techo abovedado e iluminado con estrellas. Cada una tenía una temperatura diferente y recuerdo los gritos de placer de Javier-bebé cuando chapoteaba en la de agua templada. Una delicia.


En la cama balinesa
En la cama balinesa del jardín.

La estupenda situación del hotel, a la vuelta de la esquina de la Plaza del Cristo de los Faroles, facilita el paseo por la bella ciudad de Córdoba que en Semana Santa invita a la contemplación de sus templos, de su imaginería religiosa, de sus calles y a recordar que hace ya mucho tiempo fue centro del saber occidental.


Detalle de la entrada
Detalle de la entrada del hotel con velas y naranjos. Al fondo el albero y
 la cal de las casas cordobesas.


El bar de tapas del hotel, llamado Arbequina, con acceso independiente desde la calle, aproxima al visitante a la tradición gastronómica cordobesa que no debe dejar de probarse por toda la ciudad.

Si podéis ir a Córdoba, hacedlo, tiene magia. Y si además podéis alojaros en el Hospes Palacio del Bailío comprobaréis que esa magia cruza las grandes puertas de madera y flota por todo el hotel.


Posando los tres
Junto a una de las escaleras del hotel.


Lo mejor del hotel: el ambiente, la decoración, el spa y sus piscinas y el personal para el que todo fue poco a la hora de ayudarnos con lo que pudiéramos necesitar. El magnífico desayuno.

Lo peor del hotel: quizá en los tiempos que corren, puede resultar un poco caro. Eso sí, merece cada euro pagado.


Recomendación musical:

Escuchar Córdoba de Isaac Albéniz por la gran Alicia de Larrocha nos ayuda a recordar los paseos por la bella ciudad y la estancia en el Palacio del Bailío.

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