7/5/14

Parador de La Granja

Está claro que los reyes siempre han sabido dónde construir sus residencias veraniegas. El Real Sitio de san Ildefonso da buena prueba de ello. Situado a pocos kilómetros de Segovia y bajo el amparo de los picos del Sistema Central, la población elegida como lugar de recreo alberga uno de los paradores que más me han gustado en los últimos tiempos: el de La Granja.

En el verano de 2009, regresando de Cantabria, pasamos una noche en el por entonces recién abierto parador, y a pesar del calor que hacía esos días por toda España y que nos impidió acercarnos a los jardines y al palacio, disfrutamos nuestra estancia allí.


Vista del edificio del Parador
Edificio del Parador.


Las instalaciones se reparten en dos edificios históricos rehabilitados. Uno es la llamada Casa de los Infantes, edificada en 1770 por orden de Carlos III para albergar a los infantes Gabriel y Antonio, así como a los artistas y músicos que trabajaban para ellos. El otro era el cuartel de la Guardia de Corps, que ahora aloja una sede de congresos y reuniones.

La mencionada Casa de los Infantes, donde se encuentra la parte de alojamiento del parador, se reparte en cinco alturas distribuidas a lo ancho de tres patios cubiertos por un acristalamiento. Cada uno de ellos tiene su función: bien acoger el restaurante y los desayunos, bien como sala de lectura (el que tiene  además una fuente) o bien servir de acceso al spa.


Escultura en la entrada
Escultura en la entrada del Parador.


Los tonos claros son la nota dominante en la decoración de todo el parador, generando sensación de amplitud y de frescor, que vino muy bien durante el día de tremendo calor que pasamos allí. La recepción, espectacular, destaca con su magnífica lámpara de la Real Fábrica de Cristal de La Granja y las esculturas silenciosas que observan desde ángulos insospechados el paso de visitantes.

Nuestra habitación era muy amplia y recuerdo que fue la primera vez que Javier durmió en cama supletoria, hasta entonces aún usaba la cuna de viaje. Amaneció sobre una mullida alfombra que había debajo. Tenía nuestro cuarto las ventanas en mansarda bastante elevadas y había una especie de plataforma de madera para subir y admirar la vista. Al llegar al cuarto, nuestro peque se subió y (no sé por qué), se puso a gritar "soy el rey del mundo". Os aseguro que, a día de hoy, aún no ha visto la película "Titanic".


Nuestra habitación
Nuestra habitación.



Disfrutamos mucho de la comida del parador de La Granja. A la hora de comer probamos los judiones del lugar y el cordero. El desayuno del día siguiente, en el precioso patio, fue espléndido. Mi única pena fue no haber reservado con antelación en el spa. Estaba lleno hasta la bandera. Sin embargo, y a cambio, nos refrescamos los tres en la piscina de agua fresca de la sierra.

La cercanía a Segovia es un plus del parador, ya que en apenas 11 kilómetros de distancia se está en la bella capital de la provincia.


Ventanal
Ventanal de nuestra habitación con las nubes del atardecer.

La opción del parador de La Granja, con sus cuidados interiores, sus instalaciones y su localización es muy recomendable durante todo el año. Merece la pena disfrutar unos cuantos días de este bello lugar de Castilla y León.


Lo mejor del parador de La Granja: lo cuidado de la restauración y de los interiores diseñados con mucho estilo.
Lo peor del parador de La Granja: que se está tan a gusto que un sólo día parece poco tiempo para disfrutarlo.


Sugerencia musical para el Parador de La Granja:

Escuchar la Música Nocturna de Luigi Boccherini, interpretada por Jordi Savall y Le Concert des Nations, nos retrotrae a una época de esplendor en La Granja. Música para ser feliz y olvidar las preocupaciones.





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