8/8/14

Villa Nazules, Toledo

En el verano de 2010 quedamos con unos amigos a pasar un par de días en este pequeño hotel rural que, situado a las afueras de Toledo, ha logrado crear un oasis del que no apetece salir; un lugar ideal para descansar: el hotel Villa Nazules.


Eran días de sol, de calor y letargo veraniego, de esos en los que se oye el canto de las chicharras y parece que todo va más despacio, más lento. Cuando, tras pasar el pueblo de Almonacid de Toledo, llegamos al hotel la sensación de paz y de reposo fue inmediata. Situado junto a unos montes con molinos de viento modernos, con unas cuadras de caballos dispuestas para quien quiera montar y con un spa pequeño que entonces estaba de reformas, el hotel da la bienvenida al viajero en un edificio de inspiración manchega, más ancho que largo y con vistas sobre el campo de olivos.


Parte del hotel y campo
Parte del edificio del hotel Villa Nazules.

Las habitaciones se reparten a lo largo de amplios pasillos sinuosos que se abren al patio central en unas cristaleras que dejan pasar la luz del sol bastante tamizada. Los dormitorios son grandes, con decoración estilosa y moderna, nada estridente. Los baños también destacan por su buen tamaño, con doble lavabo y madera oscura que contrasta con los sanitarios blancos, creando una atmósfera muy confortable en todo momento.


Habitación de Villa Nazules
La gran cama de nuestra habitación.

Si las habitaciones son agradables, la joya del hotel es el patio central, a la manera manchega, donde se abren la recepción, los salones y el restaurante. Nuestros desayunos, comidas y cenas los hicimos allí.

En las frescas mañanas había un ambiente estupendo para el desayuno, abundante y de calidad; al mediodía las tapas y bocadillos servían muy bien como comida; por la noche, ya poniéndose el sol y con música en directo, disfrutábamos de las estupendas cenas con platos cuidados y material autóctono como la perdiz, las migas o las riquísimas croquetas.


Patio del hotel
Patio central del hotel con el restaurante a la izquierda y la recepción a la derecha.

El espacio verde de las piscinas, infantil y de adultos, hizo disfrutar mucho a nuestros peques y además aliviar el calor de La Mancha. Allí pasamos buenos ratos repartiéndonos el cuidado de los niños mientras unos u otros disfrutábamos del spa. Además, cuentan con sala de juegos, columpios y menús infantiles tanto en las comidas y cenas como en el desayuno.


piscina entre olivos
La piscina en azules junto al mar de olivos.

El spa lo recuerdo pequeño pero muy bien aprovechado, con zona de aguas, pediluvio, tumbonas de relajación, etc. Creo que en los últimos años ha ampliado sus instalaciones, lo que posiblemente lo haga aún más agradable.

Por todo esto se entenderá que nuestra idea inicial de acercarnos a Toledo se desvaneciera ante el calor que hacía y la posibilidad de pasar esos dos días de "no hacer nada", que de vez en cuando se agradece, y más estando en un lugar (de la Mancha) como el hotel Villa Nazules.


Terraza al atardecer
Atardecer en el jardín de Villa Nazules con la música preparada.

Lo mejor del Villa Nazules: su emplazamiento en mitad del campo, sus instalaciones confortables y el ambiente conseguido.
Lo peor del Villa Nazules: le pereza que entra para ir a cualquier lado, teniendo en cuenta lo bien que se está.


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