28/8/14

Witt Istanbul Hotel, Estambul

El Witt Istanbul Hotel es desde luego un hotel creado por gente inteligente. Y lo digo porque revisando ahora las fotos para el post me he dado cuenta de que sólo gente inteligente puede diseñar un espacio tan bien medido, tan racional en todo, dentro de uno de los barrios más populosos y tradicionales de una ciudad como Estambul: Cihangir.


Justo en medio de la foto, sobre el edificio amarillo, el Witt Hotel.


En lo alto de una calle empinada, si vienes desde la parada de tranvía de Tophane, destaca este edificio de corte sencillo y color arena. En la entrada-recepción se distribuyen asientos para descansar y leer los libros de la biblioteca, hay mesas dispuestas para tomar el  desayuno o un café y un pequeño mostrador para recibir al viajero. La acogida es cercana, amable y distendida. Todo el mundo habla muy bien inglés y están a tu disposición para recomendarte sitios, reservarte el transporte que sea necesario, etc.

Sólo alguien inteligente diseñaría un hotel de pocas pero amplias habitaciones, las más pequeñas de 30 metros cuadrados, con muebles atemporales y de cuidado diseño realizados por el estudio Autoban. "Nada de estilo otomano, nada de estilo europeo. Es lo que es", son palabras del ideólogo y propietario Tuncel Toprak, nacido en Estambul y decidido a combinar un hotel moderno con una localización tradicional, en un auténtico barrio estambulita. Se inauguró el Witt en 2008. Nosotros estuvimos en 2011 y desde entonces se han abierto más establecimientos con la misma idea en la capital del Bósforo.


Nuestra amplia habitación vista desde la zona de estar. 

Nuestra habitación era grande, con zona de estar a los pies de una cama inmensa y muy confortable, con amplios ventanales en chaflán que nos permitían observar la vida del barrio y más allá, la espléndida Sultanhamet o la Torre Gálata, ésta a apenas 15 minutos andando.

Como estupendo añadido, del que no hicimos uso, todas las habitaciones cuentan con una pequeña y lujosa cocina que no desentona en absoluto al haber sido concebida casi como una escultura con su mostrador de mármol y su estantería metálica.


Rincón de la cocina, precioso, como se puede observar.

A pesar de que el diseño estaba presente en cada rincón, en ningún momento tuvimos la sensación de frialdad que transmiten algunos establecimientos demasiado volcados con la innovación decorativa. Al contrario, los suelos de madera transmiten calidez, los paneles decorativos de madera con flores y arabescos perforados y los tonos grises y marrones dan serenidad a la estancia, que además está perfectamente aislada del posible ruido de la calle.

Divertido detalle pintado en el hueco del ascensor.
Según se sube, o baja, se van viendo distintos dibujos.
Curioso, ¿no?.


El cuarto de baño era pequeño pero bien resuelto, con una ducha muy grande, un lavabo exento y productos estupendos de Molton Brown.

El desayuno que, como dije antes, se hacía en el espacio común de la entrada, no era especialmente memorable; estaba bien pero perdía bastante en la comparación con el que teníamos en el otro hotel de Estambul en que el que estuvimos alojados los días previos al Witt y del que ya hablaré próximamente.


Vista desde una de las ventanas de nuestra habitación. El populoso Cihangir
y al fondo, Sultanhamet.

La localización del Witt no puede ser mejor para visitar la zona antigua de la ciudad. Estábamos a un paseo cuesta abajo de la parada de tranvía de Tophane, que nos llevaba cruzando el puente Gálata hasta la Mezquita Nueva y los Bazares.

En otro paseo, esta vez cuesta arriba y cruzando calles más o menos transitadas, llegábamos en 10 minutos a la populosa Istiklal Caddesi, donde cada noche íbamos a dar una vuelta y a cenar en algunos de los muchos restaurantes de la zona. La Torre Gálata también estaba muy próxima, así como la curiosa calle Çukurcuma que cuenta con muchas tiendas de antigüedades.

Atardecer con la Torre Gálata asomando detrás
del Hospital Italiano, desde otra ventana de la habitación.


Los recuerdos del hotel Witt no pueden ser mejores. Fue el complemento perfecto a los días pasados junto al Bósforo y nos permitió, estar suficientemente cerca de Sultanhamet para hacer las visitas importantes y a la vez vivir en una zona real de Estambul, populosa, interesante y llena de atractivo.


Lo mejor del Witt Hotel: la localización y lo cuidado de sus interiores.
Lo peor del Witt Hotel: puede haber personas a las que no les haga gracia el diseño interior. No es frío pero podría no ser del gusto de todos.


Recomendación literaria para leer en el Witt Hotel mirando por la ventana de vez en cuando:
"Estambul: Ciudad y recuerdos" de Orhan Pamuk.



2 comentarios :

  1. Yo me quedo con la plaquita de "empleado del mes"...!

    Un saludo y adelante con este pedazo de blog!

    http://ameserosviajeros.blogspot.de/2014/08/el-dia-en-que-todo-salia-mal.html

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  2. Hola Judith: si, es muy gracioso y ocurrente. La verdad que todo el hotel está muy bien pensado, de ahí lo de la "gente inteligente".

    Un saludo y gracias.

    Cristina.

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Muchas gracias por dejar tu comentario en Ida y Vuelta.