4/6/15

Parador de Plasencia

El Parador de Plasencia es una maravilla. Pude alojarme durante el pasado Travel Bloggers Meeting en él y quedé gratamente sorprendida con un lugar histórico, bien cuidado y situado en pleno centro de la bella ciudad.

Se encuentra muy cerca de la Puerta de Coria, en el antiguo convento dominico de San Vicente Ferrer (llamado de Santo Domingo), que fue fundado por doña Leonor de Pimentel allá por el siglo XV en el lugar donde se levantaba la sinagoga mayor y parte del barrio judío.


Entrada del Parador de Plasencia
Entrada al Parador de Plasencia.

A escasos cinco minutos de agradable paseo hasta la catedral placentina y a otros tantos de la Plaza Mayor, ofrece una sensación de sosiego que sólo los conventos transmiten. Ya la entrada por un lateral del edificio impresiona con su doble arco. La recepción maravilla con los inmensos techos y los corredores que se vislumbran junto a un patio.

Atravesando algunos de estos pasillos se accede al maravilloso claustro renacentista, centro neurálgico del Parador, junto al que se sitúan el antiguo refectorio (en la actualidad salón de desayunos) y otras zonas comunes como la cafetería.


Claustro del Parador de Plasencia
Claustro renacentista del parador.

Han tenido la estupenda idea de colocar las distintas áreas en los espacios antiguamente destinados al mismo uso; así, si en el refectorio está el salón de desayunos, en las antiguas celdas de los monjes dominicos se sitúan algunas habitaciones. La mía estaba en en una de ellas.

Sobria y sencilla, con colores monacales y pocas florituras, destacaba por su buen tamaño, ya que tenía una zona de estar y luego el dormitorio propiamente dicho. Una amplia cama, dos ventanas al huerto y a los tejados de la ciudad y unas paredes de grosor "anti wifi" aseguran el descanso.


Dormitorio
Dormitorio del Parador

El desayuno es espléndido, como en todos los Paradores. Abundan los productos de la tierra, embutidos y quesos, así como delicias dulces de la comarca placentina. Da gusto demorarlo mientras se contempla el púlpito desde el que se leían las escrituras a los monjes a las horas de comer o el friso de azulejos de Talavera que rodea la sala en tonos azules y blancos.


El día de mi llegada comí de tapeo en la cafetería del Parador, concretamente en una de las mesas del claustro renacentista. Fue un placer para los sentidos, el de la vista por la belleza del lugar, el del gusto por lo ricas que estaban las tapas de Torta del Casar y de "patatera", y el del oído por el silencio del lugar. Sólo se rompe, de vez en cuando, dicho silencio por el crotorar de las cigüeñas que anidan en los tejados del Parador.


Pasillo del Parador
Corredor en el Parador de Plasencia.


En el primer patio, junto a la recepción, hay una terraza agradable para disfrutar las noches veraniegas y una piscina que ya apetecía en los calurosos días de mayo que pasé allí.

Si vais, pues, hasta Plasencia, y queréis completar vuestros días de historia, arte y paisajes de la bonita ciudad, no dudéis en alojaros en este Parador. El viaje será de este modo, si cabe, más completo.


Lo mejor del Parador de Plasencia: sin duda, su emplazamiento en el antiguo convento.

Lo peor del Parador de Plasencia: también sin duda, cerrar las cocinas a las 23:00 horas durante los fines de semana, con el inconveniente que puede suponer tener que salir si se quiere comer algo.


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