16/11/15

Londres en una semana (días 3 y 4)


Seguimos hoy con nuestro recordatorio de la semana que pasamos en Londres. Si el primer día y medio lo dedicamos a pasear por los parques más famosos y por el centro de la capital, así como a hacer visitas tan emblemáticas como a la London Eye y la abadía de Westminster, el tercero y cuarto fueron una combinación de museos y de excursión fuera de Londres para variar un poco. 

Aquí va:

Día 3, sábado: mañana en el Museo de Historia Natural y tarde de paseo.


Como ya os conté nuestro hotel estaba muy cerca de Kensington Gardens, así que el sábado fuimos dando un paseo atravesándolo por la calle homónima en la que se sitúan un montón de mansiones maravillosas, pertenecientes muchas a embajadas como las de Nepal y la súper vigilada de Israel. 

Nuestro destino no era otro que el Museo de Historia Natural, emblema de los museos de Londres y, como todos los nacionales, gratuito. Se sitúa en el barrio de Kensington, y es en sí mismo una enorme obra de arquitectura neogótica victoriana que impresiona al visitante por su tamaño y distribución a lo ancho de un enorme vestíbulo, similar a una catedral laica donde se encuentra el esqueleto de un dinosaurio que todo lo abarca.


Museo de Historia Natural, Londres
Javier asomado al vestíbulo del Museo
de Historia Natural.

El museo es muy grande y, aunque había varias salas cerradas, merece la pena organizarse un poco la visita antes para no sentirse abrumado. Como ya era casi media mañana cuando llegamos decidimos comenzar con lo más solicitado por los innumerables visitantes, que no son sino las salas dedicadas a los dinosaurios. 

A través de un sistema de exposición original, uno recorre la sala por arriba a través de pasarelas y luego baja para admirar la reproducción en movimiento de un t-rex impresionante. Paneles científicos pero muy divulgativos dan buena cuenta del modo de vida de estos gigantes, de su tamaño y de por qué se extinguieron.


Dientes de dinosaurios
Dientes de dinosaurios, tan grandes como la mano
de un niño de 9 años.

Tras esta sala, que ya es en sí un pequeño museo, seguimos visitando otras con animales disecados (que no me gustaron demasiado), la zona de los humanos y nos encaminamos hasta la sala de los grandes mamíferos que estaba cerrada, así que avanzamos hacia otra parte de mucho interés: la Galería de la Tierra.

Aquí se aprenden cosas tan variadas como la composición y la forma de las distintas gemas o cómo se produce un terremoto. La reconstrucción de un supermercado de Osaka en el momento de sufrir un terremoto te hace sentir por unos instantes una mínima parte de lo que debe ser sentir que la tierra se mueve con una inusitada violencia bajo los pies.


Entrada a la Galería de la Tierra
La impresionante entrada a la Galería de la Tierra.

La verdad es que si váis con niños (y sin ellos) a Londres esta visita la disfrutarán muchísimo y los adultos poco científicos (como yo) también, ya que acerca temas áridos de una manera muy amena y accesible.

Tras pasar la mañana en este impresionante lugar, salimos con ganas de comer, así que decidimos acercarnos en metro hasta la zona de Covent Garden y así después "trastear" un poco por las innumerables tiendas que hay por allí.

Una comida en un restaurante italiano (nada memorable) nos sirvió para descansar y después pasamos un largo rato mirando una actuación callejera de un imitador de Charlot que entretenía un montón con su tierno número.

Varias tiendas de Neal's Yard y Neal's Street, la visita a la bailarina de Covent Garden, la tienda Apple, la librería de viajes Stanford en Long Acre y por fin... una de las mecas soñadas por mi hijo, la gran tienda de m&m's de Leicester Square, nos entretuvieron esa tarde de sábado. Una tarde de buen tiempo en la que las calles del centro de Londres estaban hasta arriba de visitantes y lugareños.


Tienda de m&m´s de Londres
Con unos m&m's muy simpáticos.

A esas alturas ya estábamos cansados de ir de acá para allá así que optamos por volver al hotel cuando caía el sol. Pero esta vez lo hicimos en autobús (tras intentar entender las señales de las paradas y pensando que, a las malas, tomaríamos el de la dirección contraria si nos equivocábamos), porque queríamos disfrutar del atardecer londinense, a ser posible desde la parte de arriba.


Regent Street
Atardecer en Regent Street desde la segunda planta del bus.

Esa noche tocó cenar en un restaurante mexicano, una opción diferente de las muchas que teníamos junto al hotel en Westbourne Grove. En la variedad está el gusto, ¿no?.



Día 4, domingo: "stendhalazo" y colleges en Oxford.


El domingo estaba reservado para Oxford. Desde el principio, al pensar en el viaje a Londres teníamos claro que queríamos visitar esta ciudad universitaria y lo cierto es que echamos de menos haber pasado más tiempo allí. Ya sabemos que la próxima vez merecerá la pena quedarnos una noche para ir con calma y evitar "males de Stendhal" que no solo dan en Florencia.

Mira que soy pesada organizando los viajes y más o menos sé lo que me espera casi siempre. Aunque esta vez me vi sobrepasada por la belleza y el interés de esta localidad que me hizo decir frases tan "coherentes" como "quiero verlo todo"; cosa harto imposible ya que íbamos sólo unas horas y no pensábamos hacer una maratón, precisamente.

Se acrecentó mi agobio al ser un día de "puertas abiertas" (que no de precios gratuitos) y encontrar (sin haberlo planeado) accesibles lugares que normalmente no se pueden visitar.

De este modo, en vez de relajarme me estresé y no comencé a disfrutar de este lugar hasta pasado un buen rato. En fin...


Balliol College
Puerta gótica en Balliol College.

Lo bueno fue que el lugar no es muy grande, la estación está a apenas 10 minutos del centro y se puede aprovechar el tiempo, sobre todo si tomas un tren temprano que tarda una hora desde Paddington en Londres. Así que a pesar de todo, pudimos visitar varios de los preciosos colleges: el primero, el Balliol con sus patios recoletos, su bonito comedor y su ambiente de estudio (dan ganas de quedarse allí para leer y leer).

Después accedimos al edificio Sheldonian, obra de Christopher Wren en la que pudimos disfrutar de la sala de ceremonias abierta ese día a charlas y conciertos. La oportunidad de visitar la sala de la Facultad de Teología del Divinity School fue única, ya que no siempre se puede acceder a este impresionante lugar de techo gótico en abanico.


Facultad de Teología en el Divinity School
Facultad de Teología, Divinity School.

Tras deambular entre callejas asomándonos a las rejas de innumerables colleges no accesibles al público y que auguraban maravillas ocultas, llegamos sin proponérnoslo al impresionante Magdalen College. Este casi nos gustó más que el archifamoso Christ Church, ya que combina a la perfección espacios verdes, prados, claustros y una pequeña iglesia delicada que es una joya digna de visitar.


Coro en la iglesia del Magdalen College
Coro en la iglesia del Magdalen College.


Después de comer en un restaurante que recordaba la historia de "Alicia en el país de las Maravillas" (Lewis Carroll fue profesor en Oxford, en Christ Church, precisamente), hicimos la preceptiva cola para acceder al grandioso Christ Church college que merece mucho más espacio en este blog, sobre todo por la magnífica iglesia que adquirió el título de catedral gracias a Enrique VIII. El tamaño de este lugar, de sus edificaciones y la fama adquirida a través de las películas de "Harry Potter" a las que sirvió de inspiración escenográfica, hace que la visita sea además de interesante la más concurrida en la ciudad y que el precio de la entrada no sea precisamente barato (9 libras).


Christ Church
Tom Tower, ideada por el cardenal Wolsey y terminada
 por Christopher Wren siglos más tarde, en Christ Church College,


Llegaba ya la hora de cierre de los colleges, así que aprovechamos para tomar algo caliente en un café-librería y poco después de las seis de la tarde nos volvimos a Londres tras pasar un día en otro mundo, muy inglés y nada lejano de la enorme capital.

Esa noche, tras volver dando un paseo desde Paddington (20 minutos del hotel) tocó cenar italiano en una pizzería siciliana que nos atendió a pesar de las horas nada inglesas de cenar.

Si quieres saber qué hicimos los dos primeros días aquí te lo cuento.

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