12/3/18

Museo del Romanticismo, Madrid

El Museo del Romanticismo es uno de los lugares más originales de todos los que puedes visitar en Madrid. Se encuentra situado en la calle San Mateo, en el distrito centro, bastante cerca de la comercial calle Fuencarral.
En diciembre de 2017 en una escapada a la capital de España tuvimos tiempo de acercarnos a conocerlo. Fue como viajar en el tiempo 150 años atrás, a la época de Isabel II, convulsa políticamente pero fructífera en cuanto a las artes que se desarrollaban y a un modo de vida conocido como Romanticismo.

Benigno de la Vega-Inclán fue el promotor de este museo, como del Museo del Greco en Toledo o de la iniciativa que dio paso a la creación de Paradores de Turismo. En el año 1921 donó al Estado una importante colección de objetos del período romántico que fueron el germen de este museo y que desde el principio se situaron en el edificio que hoy ocupa.


María Guerrero como Doña Inés Madrazo


La Comisaría Regia de Turismo, ideada por el Marqués de la Vega Inclán, don Benigno, se situaba en este edificio de la calle San Mateo desde 1921; fue construido a finales del siglo XVIII y desde el año 1924 acoge al Museo del Romanticismo, en un principio llamado Museo Romántico.

También se incorporaron pronto objetos propiedad de grandes personajes como Zorrilla, Larra o Juan Ramón Jiménez. En los años de la Guerra Civil su director fue el poeta Rafael Alberti y posteriormente no ha parado de crecer con adquisiciones y donaciones.

Estuvo cerrado entre 2001 y 2009 para su reordenación y remodelación. Desde su nueva apertura se denomina Museo del Romanticismo.

Fachada del Museo del Romanticismo

Gracias al Museo del Romanticismo podemos acercarnos a la forma de vida, la historia y el arte de esta época del siglo XIX que abarca aproximadamente el reinado de Isabel II y va desde 1833 hasta 1868.

Según entramos en el Museo tenemos que pasar una decorada cancela para acceder a la taquilla que se sitúa a mano derecha. Enfrente podremos asomarnos a un pequeño patio empedrado, mientras que a la izquierda, en un recoveco de la escalera, se encuentra la estatua del Marqués de la Vega Inclán.


Salón de Baile


Nada más subir las escaleras entramos en una sucesión de salas decoradas de manera diferente y con temáticas también distintas.

Uno de los espacios más interesantes es el llamado Salón de Baile, decorado en tela rosa de brocado y que contiene una impresionante galería de retratos. Entre ellos destaca el de Isabel II realizado por Madrazo.

En el comedor podemos asomarnos al momento de la comida, con la mesa perfectamente puesta en una sala de ambiente clásico y pinturas decorando las paredes que nos recuerdan a las obras de Pompeya.

Hora de comer


Ten cuidado en esta y otras salas a la hora de pisar ya que hay zonas protegidas, conviene mirar para abajo y seguir el camino indicado. A estos salones, antesalas y comedores en los que se recibía a las visitas o se realizaban sesiones de música o literatura, suceden otras salas dedicadas a la intrahistoria de las casas. Ya no se estaba de cara al público, sino que eran espacios para ser vividos.


Estatua infanta muerta


Así podemos ver una sala dedicada a la infancia con juguetes, retratos y juegos de mesa. Llama la atención una pequeña escultura de un bebé que parece dormir. Es más que eso, mucho más, ya que se trata posiblemente del retrato de la infanta María Cristina, muerta a los 3 días de nacer. Había alta mortalidad infantil y la muerte no se veía como algo de lo que huir, por lo que se retrataba en ocasiones a través de la fotografía o, como en este caso, de la escultura.

Muy interesante es el fumador, espacio masculino y pequeño, decorado con temas orientalizantes y repleto de ornamento. Eran lugares a los que los caballeros se retiraban después de comer para hablar de sus cosas mientras fumaban. Algo que hoy nos puede llamar mucho la atención como espacio de exclusión femenina... aunque también encontramos el lugar de la mujer de esa época.

Y no es otro que el llamado boudoir o "habitación para todo" así como la alcoba femenina, ocupada en gran parte por la cuna del bebé de la casa y por los útiles de belleza.


Wáter real

Como no sólo las mujeres nos acicalábamos, hay un pequeño lugar dedicado a la belleza masculina, al espacio de intimidad de los varones. Allí destaca el "trono" o wáter de madera, y no sé si muy cómodo, que podemos ver hoy en día y que fue del monarca Fernando VII.

La Sala de Billar también es muy masculina en cuanto al contenido pero femenina por la decoración de la misma, un montón de retratos de mujer nos observan desde las paredes.


Retratos en el salón de billar


La sala que más me gustó fue la dedicada a la literatura romántica y especialmente a la figura de Larra, también llamado "Fígaro". Es una de las salas originarias del Museo, ya que fue incorporada desde sus inicios en 1924 y no modificada posteriormente.

Larra vivió la vida de un romántico decepcionado por la realidad de una España que no evolucionaba tanto como él quería y acabó suicidándose en la flor de la vida. Una muerte muy del Romanticismo.

El más famoso retrato del escritor, obra de José Gutiérrez de la Vega, manuscritos e incluso sus pistolas de duelo (con una de las cuales se supone se suicidó), pueden verse en este espacio curioso y cuidado.

Suicidio romántico


Aquí están también algunos cuadros satíricos de Leonardo Alenza sobre el Romanticismo y el suicidio romántico (los recuerdo de mi época del colegio).

Otro espacio realmente singular es la capilla del palacio, creada poco después de la construcción de éste, a finales del siglo XVIII.

Está presidido este oratorio por el cuadro de San Gregorio Magno pintado por Goya y que fue una de las donaciones de don Benigno al Museo.  También destaca el imponente retrato de Mariana de Austria con hábito, pintado por Carreño de Miranda.

Estas dos obras, que por sí solas merecen la visita al museo, se encuentran en el pequeño espacio del oratorio.


San Gregorio Mago de Goya


Se completa el museo con actividades para niños, exposiciones temporales como la actual de fotografía en el Romanticismo, etc.

A través de las diferentes salas del Museo del Romanticismo nos acercaremos a la vida cotidiana de la burguesía de esa época y conoceremos un poco más cómo vivían en esas mansiones que tanto llaman nuestra atención. Por eso este Museo es tan especial, porque ha sabido aunar el arte, la literatura, la música y hasta las creencias en un único espacio. Para viajar en el tiempo.


Datos prácticos del Museo del Romanticismo

Calle San Mateo, 13

Horario de invierno: de 9:30 a 16:30 de martes a sábado
Domingos y festivos:  de 10:00 a 15:00


Horario de verano: hasta las 20:30 de martes a sábado
Domingos y festivos igual

Cierra lunes

Precio: 3€
Entrada reducida: 1,5€
Gratuita: sábados desde las 14:00 y domingos y ciertos días festivos.



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