5/7/18

Hotel Palacio de Úbeda

El Hotel Palacio de Úbeda es uno de los más bonitos que he conocido últimamente. En la Semana Santa estuvimos unos cuantos días en la monumental ciudad y fue nuestra opción de alojamiento. No pudimos elegir mejor, eso está claro.

Llegamos a Úbeda tras un viaje no muy largo al que se añadió un buen rato buscando aparcamiento. El Palacio de Úbeda está en pleno centro histórico y no podíamos acceder a él en coche porque las calles estaban cortadas debido a las procesiones.

Tras dar muchas vueltas encontramos hueco en una calle a unos 10 minutos; cogimos las maletas y fuimos callejeando siguiendo las indicaciones del mapa en el móvil.

Así llegamos hasta la plaza de San Pedro y un poco más allá, en Juan Pasquau se encuentra el imponente palacio renacentista que ocupa el hotel Palacio de Úbeda.



Vista de nuestro cuarto en el Palacio de Úbeda


Se encuentra en el antiguo palacio de los Condes de Guadiana y pegado al ábside de la iglesia de San Pedro, ahora desacralizada.

En la pequeña plaza por la que se accede hay una fuente y la fachada principal es discreta y blasonada. Hacia la Calle Real, a la vuelta de la esquina, da el torreón en esquina tan típico de las construcciones renacentistas ubetenses.


Torreón en esquina del Palacio de Úbeda


La recepción se encuentra nada más entrar, discreta en una mesa con cortinajes y un espejo grande detrás. Todo contribuye a crear un ambiente algo velazqueño y opulento.

Enseguida nos llevaron a nuestra habitación a través de diversos ascensores y escaleras. Aunque no era ese el cuarto que debía ser, porque estaba ya ocupado, así que nos trasladaron a otra habitación que resultó ser espectacular.

Recepción del Palacio de Úbeda



Nada más llegar a la puerta nos dimos cuenta de que el cuarto iba a ser muy grande por la doble hoja de la misma. La habitación, llamada Martos, se distribuía bajo la cubierta abuhardillada del palacio en un amplio espacio.

A mano izquierda estaba la parte de dormitorio con una gran cama con sendas mesillas de noche y butaca a los pies. Enfrente la tele y un poco más allá un armario pequeño.

Hacia la mitad del amplio espacio estaba la supletoria de Javier, algo estrecha pero muy cómoda y bien preparada con su alfombrilla, cosméticos infantiles y hasta un albornoz.

En el lado derecho de la habitación, bajo una ventana por la que entraban los rayos del sol, se situaba la bañera exenta, una maravilla del diseño. También había un lavabo de doble seno y un gran espejo. Al lado justo, el armario, grande y bien surtido de perchas.

Y al fondo del todo había dos puertas, una con water de estilo japonés (¡qué buen invento!) y otra con ducha bien regulada con una consola electrónica. Todo muy tecnológico y muy nuevo y cuidado.

Baño de nuestra habitación del Palacio de Úbeda

Esos días de Semana Santa hizo realmente un tiempo terrible, con lluvia y viento así que daba gusto volver al confort de la habitación con la madera en el techo y la temperatura regulable.

A la hora de comer el día que llegamos, Jueves Santo, nos hicieron un hueco en el gastro bar del hotel. Era tarde y aún había mucha gente pero pudimos, finalmente, comer algo. Nos costó trabajo porque no teníamos nada reservado y está claro que en Semana Santa hay que ser previsores.

Tras mucho pasear esa tarde-noche descansamos muy bien en la cama enorme, a pesar del sonido de los tambores procesionales de fondo. El hotel está bien aislado pero con esos tambores no hay quien pueda.

Claustro del Palacio de Úbeda

El patio del hotel es un espacio lleno de historia y de luz que entra a raudales por el techo acristalado. Casi siempre que pasábamos había gente descansando en los mullidos sillones.

Justo al lado hay varios salones y por él se accede al restaurante del hotel que es donde se sirve el desayuno. Es un desayuno continental con todo lo que podáis imaginar de las tierras de Jaén para empezar bien la mañana.

Zumos naturales, huevos, jamón, embutidos, queso, mantequillas y mermeladas, tostadas de pan de pueblo, fruta, dulces etc. que te traían a la mesa poco a poco hasta conformar todo un bodegón de color y sabores.

Nuestro desayuno en el hotel


Así coge cualquiera fuerzas para conocer la bella Úbeda.  A todo esto hay que añadir la estupenda atención del personal del Palacio de Úbeda, especialmente del conserje que en todo momento estaba dispuesto a asesorarnos sobre las procesiones más interesantes.

Para rematar la estancia pasamos el Viernes Santo un buen rato en las Termas Renacentistas del hotel que se sitúan en el subsuelo. Distintas piscinas de temperatura diversa bajo una bóveda de ladrillo se combinan con otra más grande de chorros entre columnas clásicas y con sauna y baño turco. Un lujo muy cuidado ya que se reserva por horas lo que hace que se más fácil disfrutarlas casi solo.

Piscina de chorros


Para refrescarse del calor de la ciudad en verano, el hotel cuenta con una piscina en la azotea desde la que además hay unas vistas estupendas.

Si a todo esto le unimos unas tarifas razonables para ser un cinco estrellas, entenderéis por qué lo elegimos en lugar de otros establecimientos con más tradición aunque algo anticuados.

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Lo mejor del Palacio de Úbeda: su localización en la ciudad, decoración y detalles de gran hotel.

Lo peor del Palacio de Úbeda: lo difícil que fue acceder hasta él por las procesiones. Pero eso, realmente no es culpa del hotel.


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