2/5/14

Qué hacer 4 días en Bolonia con niños

La tentación de volver a Italia siempre es grande para mí. Me encanta. Así que en la Semana Santa de 2014 nos fuimos, desde Valencia hasta la capital de la Emilia-Romagna.
Pasamos cuatro días en Bolonia, y aprovechamos para hacer un par  de visitas cortas a Módena y Ferrara.

Era la primera vez que viajábamos a Italia con Javier, si no contamos las escalas que hicimos en un crucero en el año 2008. Tenía yo mis dudas del interés que pudiera tener para él una zona tan llena de arte y "a priori" menos manejable con un niño de 7 años. Pero la verdad es que salió estupendamente y aquí os daré mis consejos de viaje con peques por esta zona de Italia.


Bolonia con niños vista



1. Llegar en un vuelo corto y cómodo: cogimos el avión de Ryanair en Valencia a las siete de la tarde y llegamos muy puntuales a las nueve. Después fue muy rápido el trayecto en el Aerobus hasta la estación central. Nuestro hotel se situaba a 5 minutos andando de ésta, así que en poco tiempo estábamos listos para salir a dar una vuelta y cenar.

2. Descansar en un hotel confortable y sobre todo, muy céntrico: situado en la vía della Independenza y junto al parque de la Montagnola, el hotel I Portici es una opción de calidad y con un precio razonable en pleno centro de Bolonia. En un breve paseo bajo los pórticos que dan nombre al hotel se llega a la plaza de Neptuno y a la plaza Maggiore.

3. Disfrutar de Bolonia con peques:

   - usando el bus turístico que sale de la Piazza Maggiore y hace un recorrido por las calles históricas y bordea la circunvalación subiendo hasta el sanatorio de San Michele in Bosco, un antiguo convento desde el que se disfrutan unas vistas preciosas. Se puede usar el billete todo el día e ir subiendo y bajando en las distintas paradas. Eso sí, el horario es bastante reducido ya que acaba pronto, en torno a las 17:30. Tiene una buena narración de lo que se va viendo; nosotros lo hicimos todo seguido para hacernos una idea de la ciudad, el primer día por la mañana.
También cogimos el tren turístico pero no pudimos llegar al que queríamos, el que va hasta el santuario de San Luca, y nos conformamos con el que sale de la plaza de Neptuno y va por el centro, aunque para hacer esta ruta es mucho mejor el autobús.

   - paseando por los soportales o pórticos: más de 37 km en todo el centro de la ciudad. De todo tipo: abovedados, rectos, con arcos de medio punto...


Bolonia con niños soportales


- viendo monumentos originales como las dos Torres, Garisenda y degli Asinelli. Son dos de las torres que se conservan de la muchas que poblaban la ciudad en el medievo. A la degli Asinelli (de los asnos) se puede subir, a pie. Son 500 escalones que nosotros no subimos aunque Javier estaba animado. Garisenda está muy inclinada (no se visita) y es más corta; fue mencionada por Dante en "La Divina Comedia".


Bolonia con niños monumentos



El Archiginnasio, es un palacio que albergó la primera sede de la Unversidad de Bolonia. Tiene un patio muy bonito con los escudos de armas de los alumnos en las paredes. En el primer piso, también decorado con los escudos, se encuentran las Salas de la Anatomía y del Stabat Mater: la primera con su teatro anatómico en el que se impartían lecciones de medicina; en la segunda se daban lecciones de derecho. Hoy se llama así debido a que en ella estrenó Rossini, vecino de Bolonia durante 20 años, su precioso "Stabat Mater".


Bolonia con niños Archigimnasio


- disfrutando las plazas de Bolonia que son muy animadas, llenas de turistas y estudiantes. Nos gustaron especialmente la Piazza Maggiore, compuesta por varios palacios y por la basílica de san Petronio, y la Plaza de Neptuno, con su fuente del dios del mar esculpida por Giambologna.


En uno de los palacios que forman la plaza Maggiore hay un pasaje que forma un cuadrado; si hablas de cara a la pared en alguna de sus esquinas, aunque sea en voz baja o en susurros, la persona que se sitúe en la esquina opuesta te oirá perfectamente. Misterios boloñeses...

- visitando algunas de sus iglesias más emblemáticas: la de Santo Stefano es una maravilla que no hay que perderse. La de Santa Maria della Vita, con su oratorio y su estremecedor "Compianto" (Lamento) sobre Cristo muerto en terracota de tamaño natural sorprende a grandes y pequeños.

- disfrutando de sus magníficos helados. Tomamos en varias ocasiones, pero el más rico fue el de la Sorbeteria Castiglione, toda una institución boloñesa. Están riquísimos.

- paseando por calles tan históricas y bellas como la strada Maggiore. Comienza junto a las dos Torres y bajando por sus pórticos, atravesamos varios siglos. Destaca en ella la maravillosa Casa Isolani, construcción civil del siglo XIII con un pórtico soportado por columnas de madera. Hace pocos años la restauraron y convirtieron sus patios en una bella galería llena de tiendas y restaurantes cuidados y que atravesando la manzana llevan a la plaza de Santo Stefano. Todo un logro.

- comiendo estupendamente. La región de Emilia-Romagna es el corazón gastronómico de Italia. El parmesano, el vinagre balsámico tradicional, el culatello, el tartufo... son productos de la zona. La verdad es que la pasta la hacen como en ningún otro sitio, las carnes son de calidad y los precios nada abusivos. 



4. Visitar otras localidades de la región, que están muy cerca en tren: así el segundo día lo pasamos en Ferrara, bonita ciudad medieval a la que se llega en poco más de 20 minutos. Eso sí, la estación está a un paseo de otros 15 del centro histórico. En él cabe destacar la magnífica fachada de su catedral, más normal por dentro, pero muy bella por fuera.


Bolonia con niños Ferrara

Más interesante nos pareció a grandes y pequeños, la visita al Castillo Estense. Edificado en el siglo XIV tiene todos los elementos de un castillo espléndido: torres, foso, puente levadizo, patio de armas, mazmorras que transmiten una sensación de agobio considerable, estancias señoriales con techos magníficos...
La propia oficina de turismo de Ferrara se encuentra en el patio del castillo, y es el inicio de la visita. Desde allí se empieza a recorrer el castillo, primero a través de salas con explicaciones históricas y luego ya pasando a las mazmorras y el resto de la planta baja. Agobiantes y llenas de humedad.
El Jardín de los Naranjos se abre sobre el foso y la plaza del Castillo. Antaño se dedicó al esparcimiento de las damas de la corte y hoy en día sigue siendo un lugar apacible y sosegado.


En Ferrara es también interesante y típico darse un paseo en bici;  en nuestro caso no fue posible ya que no encontramos ninguna a la medida de Javier, quien tampoco está muy ducho en esas lides. Así que lo sustituimos por un paseo a pie por los alrededores de la catedral. Las calles del antiguo gueto judío, con sus arcos y su toque de misterio, son ideales para ello.




El sábado nos fuimos a Módena, que está también a 20 minutos en tren. La estación está cerca del centro y éste es pequeño y se recorre en poco tiempo. A pesar de la lluvia y de que llegamos a la hora de comer, visitamos la catedral, una maravilla del románico del norte de Italia. Los bajorrelieves del maestro Guillermo explicando la Historia Sagrada son un relato minucioso de inicios del siglo XII.


Bolonia con niños Modena


La Torre Ghirlandina, la Piazza Grande y las calles de los alrededores son elegantes y tranquilas. Abundan las tiendas, que ese día estaban en su gran mayoría cerrada por las vacaciones de Pascua.

Para matar un poco el mal sabor de boca de la lluvia y de que hubiera bastantes cosas cerradas (el complejo de San Carlos y el palacio de los Museos), decidimos acercarnos al original Museo della Figurina Panini, es decir, el museo de los cromos Panini de toda la vida, que son de Módena y han donado a la ciudad una colección muy visual dedicada al mundo de los álbumes. ¡Hasta estaban los de Naranjito y demás de mi infancia!

Como siempre en nuestros viajes a Italia, volvimos contentos y con ganas de más. Italia es fascinante y nunca decepciona. Y en concreto Bolonia es una ciudad para volver y seguir descubriendo poco a poco.


Bolonia con niños paseo



Recomendación musical para la Emilia-Romagna: cualquier canción del gran Lucio Dalla, boloñés de pro.

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