26/6/14

Estatuas viajeras (I)

Uno de los elementos de mobiliario urbano que más me gustan son las estatuas. Me llaman la atención porque pueden estar donde menos te lo esperas y hacen mención no sólo a hechos históricos importantes, si no también a anécdotas que ocurrieron en un lugar determinado o personajes curiosos que pasaron por allí.

Hoy empiezo un viaje por algunas de las que más me han llamado la atención, por una u otra razón. A través de ellas iré a lugares distintos en los que encontrar esa plaza, ese rincón en el que se encuentra una estatua, una estatua viajera.

1. Het Lieverdje, (Amsterdam):

En el centro de Amsterdam, en la plaza Spui, un agradable lugar lleno de librerías y cafés, se alza esta estatua. Un "golfillo" sonriente y con gorra, obra de Carel Kneuman; este golfillo representa a la juventud de Ámsterdam y durante los años 60 fue símbolo de los miembros del movimiento Provo que se reunían aquí.

Me gusta el carácter desenfadado y alegre  de la estatua, con su postura en jarras que provoca una reacción de simpatía en el espectador, mientras nos sonríe con desparpajo.


El Pequeño Golfillo
El Pequeño Golfillo nos contempla sonriente
 desde su pedestal de la plaza Spui.

2. La Regenta, Oviedo:

"La Regenta" es una de mis novelas favoritas. Opresiva en la descripción de ambientes, de una Vetusta decimonónica cargada de convenciones y de falta de libertad para la mujer. Una mujer, que junto con Madame Bovary y Ana Karenina forma el triunvirato de heroínas "rebeldes" que se encaran con una sociedad en la que no les gusta vivir.

Cuando, en la Semana Santa de 2006, viajamos a León y Oviedo me llamó especialmente la atención la cantidad de estatuas que hay en la capital asturiana. Hay muchas, por los rincones del centro que paseamos, o a veces renqueamos, en mi quinto mes de embarazo.

Al ver la estatua dedicada a Ana Ozores, camino de la catedral para encontrarse con el Magistral, con toda la carga de crítica moral y religiosa que había en este odioso personaje masculino, no dudé en hacerme una foto con ella, que tan buenos ratos me había hecho pasar a través de la pluma de Clarín.

La estatua, obra de Mauro Álvarez Fernández, es delicada y bella, con los ropajes decimonónicos que cabe esperar de una señora de la buena sociedad de Vetusta. Me gustó, no sólo por lo que representa, sino por estar tan bien ubicada, frente a la catedral que es personaje secundario en sí misma durante toda la novela.


Con la Regenta
Con Ana Ozores, "La Regenta", en su camino a la Catedral.

3. Don Ramón María del Valle-Inclán, Pontevedra.

Me gusta el centro de Pontevedra con su infinidad de plazas. Unas más "de pueblo", las otras más elegantes, pero todas casi seguidas, unas detrás de otras, y a cada cual más agradable.


En una de las más cuidadas, la de Méndez Núñez, se encuentra esta estatua de don Ramón María del Valle-Inclán. Obra de César Lombera, representa perfectamente al insigne escritor en sus paseos por la bonita ciudad. Se sitúa en esta plaza, ya que era aquí donde acudía don Ramón a sus tertulias, cuando residía en Pontevedra, no lejos de este lugar, en la plaza de las Cinco Rúas.

La estatua, realizada en bronce, destaca por su movimiento y por los detalles de la indumentaria: su traje, su bastón, gafas y larga barba. El brazo izquierdo de la chaqueta aparece metido en el bolsillo ya que como él contaba "se lo comió un león", aunque realmente lo perdió por una herida a consecuencia de una pelea en un bar.


Valle Inclán de paseo
Don Ramón en la plaza Méndez Núñez de Pontevedra.

4. Carlos Gardel frente al Mercado de Abasto, Buenos Aires.

En la zona de Abasto, entre Balvanera y Once, se situó el mercado que dio nombre al lugar. En esta zona creció el llamado "Morocho de Abasto", es decir, el gran cantor de tangos Carlos Gardel.

Gardel en Abasto
Carlos Gardel frente al antiguo mercado de Abasto de Buenos Aires.

En 2004, durante nuestra estancia en Buenos Aires, nos fuimos a la zona para visitar la Casa Museo del artista que tanto gusta a mi marido. Hasta el año 2000 no había estatua o monumento dedicado a Carlitos, lo cual no deja de sorprender, siendo, como es uno de los símbolos nacionales incontestables.

Hoy se erige allí, cerca de su antigua casa, frente al antiguo mercado y vestido con su elegante esmoquin. Sonríe y parece que vaya a ponerse a cantar La Cumparsita en cualquier momento.


5. Marx y Engels, en Berlín.

Muy cerca de la Alexanderplatz de Berlín, y también muy cerca de la zona de Nikolaiviertel, se encuentra este gran monumento dedicado a los padres del Manifiesto Comunista, Marx y Engels.

Marx está sentado, Engels de pie junto a él. Ambos muy serios y de gran tamaño. Se levantó este lugar en el año 1986 por orden de las antiguas autoridades de la RDA en lo que era un barrio muy poblado que fue destruido en la II Guerra Mundial.

Unas cuantas placas con relieves sobre el movimiento comunista alemán acompañan este monumento que finalmente, se mantuvo después de cierto debate posterior a la Reunificación Alemana.


Con Marx y Engels
Apoyada en Marx, quizá lo más cercana a él que voy a estar nunca.
MarxEngelsForum, de Berlín.


6. Torres Villarroel en la Cueva de Salamanca.


Lugar mágico donde los haya, la Cueva de Salamanca, albergó en tiempos rituales de brujería y magia, e incluso se decía que el propio Satán daba clases a siete alumnos durante siete años en este lugar, a cambio de quedarse con uno de ellos como pago.


Sea como fuere, este sitio, situado en la antigua cripta de la iglesia de San Cebrián, muy cerca de la Catedral y en una calle empedrada y muy en cuesta que suele pasar desapercibida al visitante, merece ser visitado en un recorrido por Salamanca. Durante muchos años estuvo cerrada al público, más adelante se adecentó y hoy en día en los meses de verano alberga conciertos y obras de teatro.

Allí hay un pequeño busto, o ni siquiera, ya que es más bien una cabeza en bronce que representa a un personaje curioso donde los haya, Diego de Torres Villarroel, escritor, médico, clérigo y también astrólogo y nigromante. Mucha de su fama viene de unas profecías que supuestamente acertaron, aunque con cierta interpretación hecha "a posteriori", ya que no eran demasiado claras.

Con todo, ¿qué mejor lugar para situar a Torres Villarroel que en la Cueva? Pues allí está su cabeza, basada en algún retrato de la época (siglo XVIII), de rasgos felinos, ojos rasgados y una expresión ambigua e intrigante. Agustín Casillas, escultor salmantino, fue el autor de esta pieza de bronce que lleva en la Cueva desde 1994.


Cabeza de Diego Torrel-Villarroel
Don Diego penetra con la mirada al visitante de la Cueva de Salamanca.

8 comentarios :

  1. Me encantaaa!! Yo también soy muy fan de las estatuas :) . Mi preferida las de Oviedo de mi querida Asturias!!! Me ha gustado mucho el post. Un besote!!

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    1. Gracias Regina: la verdad es que son un elemento no sólo decorativo y artístico, por eso me gustan. Y en Oviedo son magníficas y abundantes. En mi tierra, Salamanca y aquí en Albacete hay algunas más que iré mencionando poco a poco.

      Un beso.

      Cristina.

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  2. Muy buenas, me re gustó!
    Las de Don Ramón y Marx y Engels fueron las que más me llamaron la atención por lo opuesto de su estética!

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    1. Gracias Juan Manuel!. Sí que son contrapuestas sí...Una tan seria y política y la otra cotidiana en su paseo por la ciudad.

      Un saludo.

      Cristina

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  3. Es verdad que las estatuas se comunican con nosotros de una manera muy especial. No las que están sobre pedestales o a caballo, sino las que se ven más a nuestro nivel... muy interesante tu enfoque. Me gusta la expresión indefinible de la Regenta. En Oviedo también hay varias otras muy expresivas: la soñadora, la campesina... Gracias por el bonito recuerdo.
    Ya te estoy incluyendo en mis círculos Google, esperando ver más!

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    1. Gracias Enrique: por eso que tan bien explicas me gustan las estatuas, y por la capacidad de sorprender al viajero/paseante en cualquier rincón. La Regenta es una debilidad mía, por la magnífica novela de Clarín, y por ser un personaje femenino redondo, aún cuando tenga sombras algo incomprensibles para el siglo XXI. Oviedo es magnífica, tanto en su arquitectura y localización como en el número y la selección de las estatuas que hay en sus calles. Gran ciudad a la que, posiblemente, nos volvamos a acercar este verano.

      Un saludo y gracias por leer Ida y Vuelta.

      Cristina.

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  4. Respuestas
    1. Gracias Rosario. Tomo nota para un futuro viaje a Baeza.

      Un saludo.

      Cristina.

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