3/10/14

Tres días por las Highlands y la isla de Skye con Viajar por Escocia

Hace apenas 10 días que volvimos de Escocia. Viaje deseado durante bastante tiempo, siempre aplazado por razones de logística y de economía, por fin este pasado mes de septiembre lo hemos podido llevar a cabo.

Desde el principio pensamos combinar unos cuantos días de visitas culturales en Edimburgo con la visita a las Tierras Altas. La idea de conducir por la izquierda y de perdernos por carreteras desconocidas y quizá en no muy buen estado (cosa que no se cumplió en general), nos echaba para atrás a la hora de alquilar un coche. Además íbamos con el tiempo un poco justo, 7 días, así que decidimos contratar a Viajar por Escocia.

Hace años los "conocí" en "Españoles por el Mundo" y tomé nota de lo que ofrecían; en dos ediciones de FITUR cogí folletos de sus recorridos y elegimos el trayecto de "Tres días por las Highlands y la isla de Skye" ya que combinaba paisajes, ciudades, curiosidades y visitas culturales. Además, me animó saber que muchos de los guías eran buenos conocedores de la historia y el arte, ramas que me interesan especialmente.


Glengarry
Preciosa vista del Glengarry. Montañas, lagos y vegetación.

Hoy traigo al blog el resumen de aquellos días intensos por las Highlands. Días que nos llenaron la retina de los paisajes escoceses, de su mar bravío, de sus gentes amables y sonrientes y de sus verdes, verdes de todos los tonos que se mezclaban con los rayos (escasos) de sol que aparecían de repente para alegría de todos y con las nubes plomizas pero sin lluvia que acompañaron muchos de esos días.


Ruta
Este fue nuestro recorrido por las Tierras Altas
y la isla de Skye.

(Mapa cedido por Viajar por Escocia)



Jueves 18 de septiembre por la mañana:

Después de un buen madrugón y de desayunar a cuerpo de rey en nuestro hotel, nos fuimos dando un paseíto hasta el Callejón del Antiguo Mercado de Pescado (Old Fishmarket Close) desde donde salen todas las excursiones, rutas y recorridos de Viajar por Escocia. Está en plena Royal Mile y no nos llevó más de 10 minutos.


Enseguida y con rápida organización, el grupo que íbamos a viajar juntos nos montamos en un microbús de 29 plazas e iniciamos la marcha. Nuestro conductor y guía se llamaba Ferrán e iba acompañado por María como ayudante. Ambos fueron fundamentales a lo largo de todo el viaje.

Atravesando Edimburgo y hacia el noroeste enseguida pudimos darnos cuenta del saber de Ferrán a la hora de contar historias: anécdotas como la del oso del Zoo de Edimburgo o pura historia de Escocia según nos acercábamos a Stirling y divisábamos la bella silueta del castillo de la localidad. William Wallace empezaba a ser un viejo conocido nuestro.

Nuestra primera parada estaba cercana y, atravesando Callander, nos acercábamos al  Parque Nacional del Loch Lomond y las Trossachs, y aunque no entramos, pudimos disfrutar de la belleza de los alrededores. Zona donde confluyen Highlands y Lowlands, está llena de lagos, verdes brillantes y en ella situó sir Walter Scott muchas de sus obras. Poco a poco nos iban conquistando los colores que veíamos, y enseguida también nos iba a conquistar un tipo de animal curioso y propio del lugar: el pelirrojo y simpático toro Highland.

Toro highlander
El pacífico toro de raza Highland que observaba a los curiosos
pasando un poco ya de ellos.

Después de estirar las piernas y comer algo fuimos bordeando los montes Montes Grampianos y percibiendo un cambio en el paisaje, menos verdes luminosos, menos pastos y ovejas y más el paisaje imaginado tantas veces al pensar en Escocia. Un paisaje de montes sinuosos, colores contrastados, lagos plateados y una inmensidad que apreciábamos cada vez que Ferrán paraba para que lo admiráramos, quedándonos muchas veces sin aliento.


Paisaje de brezo y lagos
Magnífico paisaje de las Highlands.


Se sucedía, a través de distintos paisajes, el leitmotiv del suelo de turba, fácilmente "encharcable" y bastante yermo. Las montañas de origen glaciar formaban suaves uves de dibujo infantil. De vez en cuando surgían grupos de abetos, plantados por el hombre con finalidad industrial. No veíamos apenas casas, aunque nos sobraba con el paisaje para estar entretenidos y ensimismados mientras Ferrán desgranaba historias de clanes, de luchas, de venganzas y de tradiciones ancestrales que cobraban sentido a la vista de esas tierras, bellas pero duras.

La Masacre de Glencoe (Valle de las Lágrimas en gaélico, en alusión a su historia) fue uno de esos duros episodios narrados y que nos mostró la fragilidad de las relaciones entre clanes. Cerca de las Tres Hermanas hombres del clan Campbell pasaron a cuchillo a mujeres y niños del clan MacDonald, después de días de hospitalidad en sus casas, motivados por las frecuentes incursiones para robar ganado y mujeres que soportaban. Una venganza fría y meditada con trasfondo político en medio de las guerras Jacobitas.

Glencoe
Dos de las tres montañas que componen las Tres Hermanas de Glencoe.
Impresionantes entre nubes y llenas de historias dramáticas.


Jueves por la tarde:

Se acercaba la hora de comer  y cada vez nos íbamos adentrando más en las Tierras Altas. Pasamos cerca del Ben Nevis, la montaña más alta de Gran Bretaña y meta para escaladores de todo el mundo. La cara noreste es un reto hasta para los más veteranos, así que es la occidental la más utilizada (incluso para una carrera anual: la Ben Nevis Race).

A los pies de la montaña está Fort William, junto a los lagos Linhe y Eil y muy cerca del Canal Caledonian que une Inverness y Corpach, enlazando de este modo el mar del Norte con el Océano Atlántico sin tener que rodear la gran isla de Gran Bretaña. Está formado por lagos naturales en su mayor parte y cruzado por puentes giratorios que permiten pasar de un lado a otro acercando territorios que, supongo, en el pasado estaban aislados.

Fort William
En un mediodía luminoso, entrada al cementerio de Fort William.


En Fort William salió el sol y empezó a calentar, lo cual nos vino genial para dar un paseíto después de comer por su bonito cementerio con vistas al lago y sus calles victorianas animadas a esa hora de la tarde.

Nos acercábamos a una de las visitas estelares del viaje: el castillo de Eilean Donan; antes, Ferrán nos dio la oportunidad de admirar el bello paisaje de Glengarry, plagado de helechos y con los colores del otoño en todo su esplendor.

Eilean Donan es un castillo de leyenda, de historia y de cine. En ella se rodó, entre otras, "Los Inmortales" y su aspecto es imponente. Situado entre 3 lagos y con el mar poco más allá, suponía un lugar estratégico y defensivo. Gracias a su localización especial fue protagonista de historias tan curiosas como la de los 300 soldados españoles que, en tiempos de Felipe V,  intentaron (con escaso éxito), distraer y vencer  a las huestes inglesas con ayuda de los clanes del lugar, para que así la Armada española llegara a tierras británicas. No pudo ser: una vez más la tormenta vencía las aspiraciones de nuestros gobernantes, recordando el episodio de la Armada Invencible.

Eilean Donan
Eilean Donan.

El castillo pertenece en la actualidad al clan MacRae y está muy arreglado en su interior. Casi de estilo palaciego, coqueto y confortable con muebles del XIX en su mayoría, merece la pena sobre todo por el paisaje que lo rodea, por la explicación histórica previa a la visita y porque hace que el visitante se sienta por un momento un highlander de la época dorada de los clanes. Por cierto, cuidado con el fantasma del capitán español que, incluso después de muerto, quiso quedarse por allí.

Casi atardecía al salir del castillo y la isla de Skye estaba ya cerca, aunque aún tuvimos tiempo de acercarnos al pintoresco pueblecito de pescadores de Plockton, situado a la orilla del Loch (lago en gaélico) Carron. Su playa gozaba de vistas bucólicas y me recordaba en cierto modo a pueblecitos de Galicia, pueblecitos volcados a la ría y con vistas igual de bellas.

Ya de noche cruzamos el puente de la isla de Skye y llegamos al pequeño pueblo de Kyleakin, donde íbamos a pasar las dos noches. El grupo se dividió entre los "bed and breakfast" y albergues del lugar. El nuestro, Corran House, fue un hallazgo: confortable, con una habitación amplia con baño privado y todas las comodidades.

Cerramos la noche con una cena tranquila en el pub del pueblo, Saucy's Mary, y con un paseo a oscuras hasta el puerto. Hasta la mañana siguiente no íbamos a apreciar las bellas vistas del lugar.


Viernes, día 19 de Septiembre: recorrido por la isla de Skye

El despertar temprano en Skye fue estupendo. Después del desayuno abundante en el B&B, salimos al exterior, ése que había permanecido oculto la noche anterior por la niebla y la oscuridad. No pudo ser más impresionante: el puente que une la isla al resto de Escocia a la izquierda, delante de nosotros la playa de arena negra y enfrente el estrecho que da nombre al pueblo de Kyleakin. Un gusto amanecer así, la verdad.


Kyleakin
Vistas desde el exterior de nuestro B&B en Kyleakin.


Este día lo íbamos a dedicar a la isla de Skye. Situada en el archipiélago de las Hébridas Interiores, destaca sobre las demás por sus múltiples paisajes, su belleza y su historia. El paisaje isleño está dominado por el brezo, los lochs y también los bellos acantilados, los arroyos y las Cuillin, montañas que cruzan la isla, con dos denominaciones, las rojas y las negras, dependiendo de la roca que las forma.

Emprendimos camino hacia el castillo de Dunvegan, propiedad del clan MacLeod desde hace 800 años. En el trayecto no faltó la visita a un arroyo pedregoso en el que bebían los miembros de los clanes con la idea de adquirir fuerza y vigor a través de unas aguas cuasi mágicas gracias a la sangre derramada en las luchas entre highlanders.

Dunvegan se construyó en diversas etapas, entre el siglo XII y el XIX y si su aspecto exterior es almenado, el interior está cuidado, con una gran escalera de entrada que distribuye a estancias que el visitante recorre a su antojo: la sala de armas con su espada Claymore; el salón con los restos de la capa del "hada" que dio poderes y protegió al clan; las cocinas y las almenas, también lugares de interés.

Dunvengan
El castillo de Dunvegan desde el lago del mismo nombre.


El castillo cuenta además con un baluarte que se abre al lago, con bonitas vistas. En este lago, de agua salada, se refugia una colonia de focas a la que se puede llegar con una barca que sale cada 15 minutos desde el embarcadero. Allí se pueden ver desde muy cerca, tranquilas y apenas levantando la cabeza para observar a los que pasamos por allí.

Los jardines del castillo merecen especial atención. Me gustó sobre todo el precioso "jardín secreto", tapiado, en el que disfrutamos de los colores y olores de las bellísimas flores allí plantadas y cuidadas. El clima no muy frío y húmedo de la isla hace que la vegetación, en tierra fértil como la del jardín, florezca y sea realmente exuberante.


Jardín
"Juegos florales" en el jardín tapiado de Dunvegan.

Viernes por la tarde:

Después de comer en la cafetería del castillo, nos dirigimos hacia la población más importante de la isla de Skye: Portree. Deriva su nombre, que significa Puerto del Rey, de la visita que realizó Jacobo V en 1540. No es muy grande, aunque es el núcleo que más habitantes concentra en toda la isla, unos 5.000. En poco espacio se encuentran las dos calles principales, la plaza, y lo más bonito, el puerto con sus casas de colores que se pueden admirar desde algunos de los miradores de la parte alta del pueblo.


Portree
El pintoresco puerto de Portree.



Tras la visita urbana del día, el resto de la tarde lo dedicamos a los paisajes. Los magníficos paisajes de la península de Trotternish. Ante nuestros asombrados ojos se sucedían acantilados magníficos, donde hace miles de años vivieron dinosaurios y ahora se colocan bancos conmemorativos en recuerdo de difuntos más recientes. Divisamos entre la neblina la llamada Kilt Rock, ya que sus pliegues recuerdan a la falda escocesa, y más cerca tuvimos la cascada que cae al mar por los acantilados.


Después de esta visita que cortaba el aliento, nos esperaba otra más impactante. También en Trottermich, hay una garganta cerca de una antiguo horno de diatomita. Por esta garganta, muy al fondo, va un arroyo y si se sigue por una corta senda hacia el mar, no nos quedará otra opción que asombrarnos ante la sucesión de acantilados verdes y magníficos.

En un acantilado de Skye
Ante los magníficos acantilados que rodean
 el antiguo horno de diatomita.


Después de tanta belleza regresamos a Kyleakin donde tendríamos una sorpresa. Si la población del lugar, unos 100 habitantes, había aumentado considerablemente con el grupo de Viajar con Escocia, ese día iba a subir aún más con la concentración de moteros que se había reunido en el pueblo. Ni que decir tiene que esa noche, en el pub, estaban todos de lo más animado. Rematamos el día con un concierto de rock en el que nuestro grupo estuvo bailando hasta "altas horas" (es un decir, ya que nos retiramos a eso de las 23:00, agotados después de tanta intensidad).


Sábado, 20 de septiembre: regreso a Edimburgo por el lago Ness.

La mañana del sábado madrugamos de nuevo para aprovechar bien el día. Era el último del viaje, pero sabíamos que lo íbamos a exprimir hasta el final. Después del desayuno y de despedirnos de la dueña del B&B, salimos a la explanada de delante, donde antes de coger el microbús disfrutamos del bello paisaje, esta vez con sol. Skye nos despedía con su mejor cara.

Kyleakin
Última mirada desde Kyleakin.


Aunque tocaba la vuelta a Edimburgo, la íbamos a hacer por el norte. Llegaríamos hasta el lago Ness y más allá, hasta la capital de las Highlands: Inverness. Después iríamos dirección sur hasta nuestro punto de partida dos días atrás. Tan intenso estaba siendo el viaje, tantas cosas estábamos viendo y aprendiendo que parecía llevábamos bastante más que esas 48 horas juntos, viajando y conociendo.

El Lago Ness nos esperaba con su enorme tamaño (37 km) y su profundidad (227metros), con aguas oscuras por el color que la roca basáltica le daba. Nos esperaba también con sus leyendas, con su monstruo, con los misterios del castillo de Urquhart y de la mansión de Aleister Crowley; como siempre, Ferrán conseguía ponernos en situación antes de llegar y crear la expectación adecuada ante tan mítico lugar. Y como siempre, realizamos una parada ante un paisaje precioso para estirar las piernas un rato.


A lo largo del camino, como también en Skye, nuestro guía-conductor cedía el paso a vehículos más rápidos en ensanchamientos puntuales de la estrecha carretera. Dudo mucho que ese comportamiento, habitual allí para facilitar el tráfico, fuera repetido en nuestro país si hiciera falta. En fin...

Llegamos pronto al Lago, lo suficiente para tomar un barco que nos iba a llevar de crucero, no muy largo (1 hora), pero de sobra como para apreciar la extensión enorme de agua, lo negro de la misma y la disposición de los montes que lo rodeaban, parte del Great Glen. Este valle de origen glaciar ocupa el lugar de una falla geológica y está ocupado por varios lagos, entre ellos el Ness.



Lago Ness
Aguas del lago Ness y castillo de Urquhart.

No vimos a Nessie durante el crucero, pero supimos que cabe la posibilidad de que, si no Nessie, sí haya alguna especie de serpiente no evolucionada que siga habitando las profundas aguas del Lago.

La mañana se había despejado en la típica evolución del tiempo escocés: nubes, sol, niebla... todo en un rato, y nos vino genial para llegar a comer a Inverness. Era una hora de comer temprana que nos permitió dar un largo paseo después. Nos acercamos hasta el río Ness que la cruza abundante de agua y le da nombre ("En la boca del río Ness" en gaélico). Llena de edificios georgianos y victorianos, tiene un centro tranquilo de calles peatonales y comerciales, un ayuntamiento neogótico y una placidez que se percibe aunque se esté solamente un par de horas. Con sus 75.000 habitantes, se ha convertido en inicio de la ruta de senderismo por el Great Glen que la une con Fort William, 117 km al sur.


Inverness
Vista de Inverness desde uno de sus puentes.

Ya a la vuelta de la visita, la sensación de acabar el viaje nos invadía, pero a pesar de ello continuábamos interesados por los relatos de Ferrán: supimos del gusto por Escocia de la reina Victoria, de su deseo de tener un castillo allí y de la población de Pitlochry, hasta donde llegó la línea ferroviaria que se hizo construir desde Londres. La atravesamos en nuestro camino de vuelta. Es un lugar pequeño y encantador, muy del gusto inglés.

Pasamos cerca de destilerías de whisky y supimos cómo se realiza la bebida más famosa de Escocia; conocimos la historia del kilt tal y como es hoy en día, y llegamos a la penúltima parada del viaje, Dunkeld. Se trata de una población pequeña, compuesta de casas del XVIII y situada junto al río Tay. Allí, en el entorno más bucólico que uno se pueda imaginar, está la catedral. En ruinas desde las Guerras Jacobitas, es del siglo XIV y se ha recuperado bastante bien la nave principal.


Daban ganas de sacar la cesta de pic-nic y de estarse allí tumbado sin hacer nada. No me extraña que Beatrix Potter se inspirara en este lugar para crear sus cuentos de "Perico Conejo".

Sólo nos quedaba un tramo del viaje hasta Edimburgo y aquí nuestro Ferrán lo dio todo con la historia de María Estuardo, reina de Escocia, con una vida de lo más intensa que acabó en el patíbulo. Antes de adentrarnos de nuevo en la capital hicimos la última parada en Queensferry, para admirar el impresionante puente del ferrocarril que, construido en el siglo XIX, cruza el río Forth siendo una magnífica obra de ingeniería victoriana.


Puente sobre el Forth
Puente de ferrocarril sobre el Forth.

Poco después llegamos al final del viaje, en torno a las ocho de la tarde, en la Royal Mile, donde empezó. Estábamos cansados pero contentos, muy contentos. Había sido un viaje intenso, lleno de anécdotas que contar y de fotos impresionantes gracias a los paisajes de Escocia. Además el grupo de viajeros nos llevamos estupendamente y compartimos ratos memorables.

La organización de Viajar por Escocia fue estupenda, sin ningún problema. Todo el recorrido se cumplió, e incluso tuvimos extras que agradecimos. Los alojamientos en Kyleakin estuvieron perfectos y la ruta elegida no pudo ser mejor para darnos una idea más que general de lo que son las Highlands.

La compañía de María se agradeció mucho, siempre con una sonrisa; y sobre todo, el estupendo guía Ferrán, que consiguió hacer de nosotros unos highlanders en potencia y nos hizo creer que existen las hadas, que el fantasma del capitán español se pasea en Eilean Donan, y que Nessie no es que no exista, es que el día que fuimos estaba ocupado. Sin ellos, no hubiera sido lo mismo.


Con nuestros guías
Con María, Ferrán y Nessie.
Siempre he dicho que soy medio italiana por lo mucho que me gusta Italia, siempre quiero volver. Desde hace diez días, Escocia se ha hecho un hueco dentro de mí, así que ahora también tengo algo de escocesa. Volveré sin duda.



Dedicado al clan MacAlioli (ellos saben quiénes son).




Música para viajar a Escocia: me gusta mucho Capercaille, grupo de música folk escocesa que me ha acompañado estos días de relatos y de selección de fotos. La bonita "Fainne an Dochais" del disco At the Heart of It All evoca perfectamente el paisaje de las Highlands.


Agradecimientos: a Viajar por Escocia, por todo en general y por el mapa de la ruta en particular.


10 comentarios :

  1. Preciosas fotos e interesante y planificado recorrido, ..como siempre tocaya. Tomo nota...

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    1. Gracias, Cristina. Las fotos no tienen mérito, de hecho no abarcan toda la belleza del lugar. El recorrido la verdad es que lo tienen muy bien pensado.

      Un saludo viajero.

      Cristina.

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  2. ¡Qué maravilla de paisajes! ¡Qué verde! ¡Qué naturaleza!
    Creo que las Highlands es un must para todo viajero, y el lago Ness, esos lugares tan misteriosos... tiene que ser increíble!

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    1. Pues sí, no puedo estar más contenta de haber decidido viajar por allí aparte de estar unos días en Edimburgo. Es el complemento perfecto.

      Gracias Icíar.
      Un saludo.

      Cristina.

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  3. ¡Qué increíble viaje! Tengo muchísimas ganas de conocer Escocia y después de este post aún más... No se de donde sacaré para poder hacerlo pero espero poder ir en verano del 2015. Muchas gracias por contarnos tan detalladamente sus experiencias viajeras por esta verde tierra.
    ¡Saludos Viajeros!

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    1. Gracias a usted. Cuando se tiene ilusión por conocer algún sitio, nada nos para a los viajeros. Seguro que lo consigue.

      Un saludo.

      Cristina.

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  4. Interesante el tour e impresionantes los castillos, espero que la próxima vez lo puedan ver a Nessie!!

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    1. Ja, ja...mi hijo estaba convencido de que lo íbamos a ver y me preguntaba todos los días. Nunca se debe perder la esperanza ni la ilusión.

      Gracias, Fernanda.
      Un saludo.

      Cristina.

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  5. Parece que no se publicó el post -__- Nada, decía que siempre había querido hacer un viaje así con mi padre pero no se ha dado todavía la oportunidad de poder ir a ver las Highlands... Nessie incluido!

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    1. Pues, es cosa de pensarlo y decidirse. Nosotros no hemos podido tener mejor experiencia. Uno de los mejores viajes.
      Nos faltó Nessie!!

      Un saludo.
      Cristina.

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