5/3/18

Marrakech, primeras impresiones

Hace una semana he vuelto de una escapada a Marrakech y aunque he estado pocos días es una ciudad tan magnética que ha dejado diversas y contradictorias impresiones en mi mente. 

Aquí van, pues, este grupo de ideas más o menos ordenadas sobre un lugar que, en contra de lo que pensaba antes de ir, me ha cautivado. 
- Es una ciudad bajita, que no pequeña, ya que tiene más de un millón y medio de habitantes que viven en edificios que no superan, en la gran mayoría y en la zona antigua, los dos o tres pisos. Así que podemos tener la impresión de pequeña y manejable, pero es muy, muy extensa.

- En la zona de la Medina de Marrakech uno puede creer haber viajado en el tiempo varias décadas atrás. Bicicletas, motos, motocarros, carros tirados por burros se mueven sinuosos por todos los vericuetos posibles. Hay que andar con cuidado, ellos conducen muy bien pero a veces puede surgir un vehículo de donde menos te esperas.


La Koutubía desde sus jardines


- Vimos más hombres que mujeres, eso está claro, y sobre todo vimos muchos hombres parados en la calle, mirando y aparentemente sin hacer nada. La vida transcurre a ritmo más lento, con menos prisas, y aunque la Medina vibra con sus zocos e innumerables negocios, con la mentalidad occidental llama la atención ese "estar tranquilo" que tanto vimos.


- Orientarse en la Medina es misión imposible. Por lo menos en la zona en la que estaba nuestro riad, que era al norte de la misma. Calles estrechas, alguna plaza pequeña en la que hacer una reunión o jugar y callejones y más callejones. Menos mal que nos recogían a pie de taxi cuando llegábamos porque, además de noche, las referencias eran casi nulas. 


Calle de la Medina

- Marrakesh es ciudad de gatos. Yo prefiero a los perros y mientras que de estos últimos vimos un par solamente, los mininos campan a sus anchas donde menos te los esperas. ¿A qué se debe esto? No lo sé, si tenéis alguna explicación me encantaría conocerla.


Gatos y más gatos

- Al exterior muchos edificios son humildes, del color terroso-rosado que les da uniformidad, pero cuando se abren las puertas despliegan toda una panoplia impredecible de belleza y sensualidad. Así sucede con los "riads" o casas con jardín de la Medina.

Gran cantidad han sido rehabilitados como alojamientos con encanto, sin ir más lejos nuestro Riad Anayela, otros como viviendas particulares de extranjeros adinerados y otros conservan el misterio de unas puertas que esconden tesoros.


- Vivir un atardecer en Marrakech desde una terraza mientras suena el canto a la oración de los muecines es algo que no se olvida. La ciudad adquiere una tonalidad rojiza y los cantos subyugan enredados unos en otros por la cercanía de los alminares. La hora azul en la Koutubía fue otro momento mágico que tuvimos la oportunidad de vivir.

- No esperes bolsas de plástico en Marrakech, siempre te las darán de papel ya que las primeras están prohibidas desde hace unos años. Una medida muy ecológica.



Riad Anayela

- Jemaa El Fna y sus mil caras. Así vimos a la famosísima plaza que más que plaza parece una explanada. La singularidad de este lugar no está en las construcciones sino en el paisanaje que la habita y que varía según las horas.

Nos perdimos ver el atardecer sobre ella desde una terraza, a cambio vimos la hora azul en la Koutubía. Sin embargo la primera tarde nos agobió con su ruido y su no parar de gente que nos ofrecía cosas: desde objetos para comprar hasta (lo que no me gustó nada) monitos tocados con fez para posar en la foto.

Al día siguiente volvimos ya de noche y la animación era de otro tipo y la disfrutamos con más tranquilidad: bailarinas travestis, hombres en círculo apostando, dibujantes de henna y mucho ambiente. Nos tomamos unos zumos, compramos dátiles y nos fuimos de la plaza, si no con sensación de control, sí de haberla disfrutado en una de sus facetas.


Zocos de Marrakech


- Ya he mencionado las puertas antes y es que me encantaba ver las puertas de Marrakech. ¿Qué tesoros esconderán detrás? ¿Qué historias fascinantes? Puertas sencillas, lujosas, de colores o discretas, da igual, todas ellas parecían invitar a entrar y soñar.

- La, la, shukran: las palabras mágicas para el momento en el que te ofrecen cosas que no quieres comprar, "no, no, gracias". La visita a los zocos la hicimos con Hamid de Viajes Marrakech, y luego ya no volvimos por falta de tiempo, pero en otros lugares, con decir esto, ya bastaba. No tuvimos sensación de agobio, como nos habían contado, con lo cual, mucho mejor.



Puertas de Marrakech


- Me gusta la sonrisa de las mujeres de Marrakech. Es hermosa y discreta y me ha llamado la atención lo fácil que surge al cruzarte por la calle y con un simple saludo con la cabeza. Aquí vamos a veces demasiado serios y reconcentrados en nuestro pensamiento.



Sonrisas de las mujeres

- Es Marrakech una ciudad de jardines de vegetación más o menos exótica que enamoraron a pintores como Jacques Majorelle o de reductos céntricos y amurallados como los de La Mamounía que salvan del ajetreo exterior.

- Como contraste, cruzar las calles puede ser toda una aventura. Yo, que me espero aunque no venga nadie si está en rojo el semáforo, ya me lanzaba levantando la mano y pensando ¡sálvese quien pueda! Un caos que parece difícil de controlar pero al que te acostumbras en un pis-pas.



Jardines de Majorelle

- Comer en Marrakech es un gusto para los sentidos, y no sólo el del gusto. Se dice que algo entra por los ojos. Y aquí se cumple a la perfección en la delicada presentación de los platos. Desde el desayuno en Anayela, pasando por los tajine o cuscús o la quiche que tomamos a la salida de los Jardines de Majorelle. Platos tan hermosos que da pena comerlos.


- El color. Así en general, si me dicen ¿con qué te quedas de Marrakech? Con sus colores. Sus ocres, azules, verdes, etc. Pocos lugares de los que conozco encantan tanto como esta ciudad en mil y una tonalidades.


Comida en Marrakech


- Un día más hubiera sido genial. Tres días completos en Marrakech hubiera estado genial. Una buena excusa para regresar y disfrutarla de nuevo. Aunque nada como las primeras impresiones.


Marrakech es una puerta que esconde tesoros,
es una Plaza que anula los sentidos,
es un zoco que te vende hasta la luna,
es un jardín de un azul único,
es un atardecer al que cantaban Aute y Carlos Cano,
es sonrisas, misterios y fascinación,
es, en fin, deseos de volver a otro mundo a dos horas de avión.


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8 comentarios :

  1. Me has transportado a Marrakech.
    Estuve en Tánger y Asilah hace unos años y sé que me falta quizás lo más auténtico de este exótico país: Marrakech, el desierto, Fez... etc etc. Bonitos recuerdos que te llevas.

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    1. Gracias María. Yo sólo he estado un puñado de días pero me han entrado muchas ganas de volver pronto.

      Un abrazo.

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  2. Hola! Estuve en Marruecos el mes pasado. Recorrimos Tanger, Meknes, Fez y Marrakech (con escapada al desierto incluida). Nos hospeamos en las medinas y paseamos por todos los rincones. Es una cultura distinta a la nuestra, con una realidad económica más bien pobre, pero me encantó.

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    1. Exacto, es tanto el contraste que se encuentra en Marruecos, a apenas 2 horas de avión que resulta de lo más sugestivo. Volví con ganas de regresar, así que ya estoy pensando en qué visitar en el futuro.

      Gracias por tu comentario.

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  3. Volveré este año a Marrakech, imagino que después del verano. Me apetece muchísimo perderme por allí unos días. Me anoto todas las recomendaciones.

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    1. Perfecto, qué bien que regreses. Yo ya estoy pensando en hacerlo, ja, ja, y acabo de volver.

      Un saludo viajero.

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  4. Hola, decime por favor vale la pena ir por 4 días, llegas a conocerlo o necesitaría mas, estaré en Lisboa y tengo ganas de hacerme una escapada. Gracias. Y el blog excelente

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    1. Hola Adolfo: yo creo que sí, que con 4 días podrás hacerte una idea estupendamente. Como en cualquier lugar, cuantos más días mejor, pero 4 días bien aprovechados te da para mucho e incluso hacer alguna excursión.

      Me alegro de que te guste el blog y espero que te sirva de ayuda en la organización de tus viajes.

      Un saludo viajero.

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