19/3/14

7 buenas razones para ir a Milán

Con Milán empezamos la casa por el tejado. Primero compramos unas entradas para la Scala y luego organizamos el viaje. Así pues, nuestra principal motivación digamos que fue "operística".  Luego fue buscar vuelo, hotel y planear unas cuantas visitas que nos parecían imprescindibles. Después, ya en la ciudad, vino la agradable sorpresa.

Milán tiene mucho más para ofrecer al viajero que lo éste piensa al principio. Y eso que aunque sólo fuera por el eje Duomo-Galería Vittorio Emanuele II-Teatro alla Scala merecería una visita. Lo que pasa es que además de estas tres cosas, Milán es una gran ciudad, con mucha historia y claro, cuando hay una vida ciudadana de más de 2000 años, seguro que la oferta no se limita a tres edificios, por magníficos que sean.

Así pues, nuestra escapada milanesa fue todo un hallazgo y aquí van las razones por las que recomiendo visitar la capital de Lombardía aunque sólo sea una vez.

1. Por su Duomo: el centro neurálgico de la ciudad. De hecho, a partir de 1860 se convirtió en el punto de partida de las grandes avenidas.Su plaza está llena de gente a todas horas, con la animación típica de las grandes ciudades italianas. La catedral, con su inmensa mole, llama la atención de todo el que pasa por allí. Su construcción se inició en 1386 y se realizó con mármol de Candoglia que fue trasladado a través de los canales de Navigli. La obra continuó hasta el siglo XIX, ya en estilo neogótico cuando se terminó la fachada por orden de Napoleón.


Duomo de Milán
La Catedral de Milán una noche de primavera.


En el interior destaca la majestuosidad de las largas naves, el coro del siglo XVI, el monumento funerario de Gian Giacomo Medici realizado por León Leoni y las vidrieras que también fueron realizadas a lo largo de muchos siglos. En la bóveda que hay sobre el coro, una luz roja señala el lugar donde se conserva un clavo de la cruz de Cristo.


Terraza del Duomo
Desde las terrazas, pináculos del Duomo, campanario
de San Gottardo in Corte y al fondo, la Torre Velasca.

La subida en ascensor a las terrazas permite una magnífica vista de la ciudad y de sus edificios más emblemáticos. La contemplación cercana de agujas, contrafuertes, pináculos y demás elementos constructivos es también un placer, ya que pocas veces se tiene esta oportunidad.


2. Por el Teatro alla Scala: el templo de la lírica por excelencia fue construido entre 1776 y 1778 sobre los terrenos de la iglesia de Santa María della Scala. Durante la II Guerra Mundial fue bombardeado y tres años después reconstruido. En 2004 fue su última remodelación. En este viaje tuvimos la oportunidad de asistir a una ópera alegre y musicalmente fácil de escuchar como fue "Il viaggio a Reims" del gran Rossini. Ópera italiana en el teatro más bonito. Lo pasamos muy bien, con dos entradas laterales en un palco y viviendo una experiencia única.



Lo mejor es disfrutar de una representación, pero si no se puede o no apetece, el museo del teatro permite ver la sala principal siempre y cuando no haya ensayos. La temporada comienza el día 7 de diciembre, día de San Ambrosio.


3. Por la Galería Vittorio Emanuele II: modelo para otras posteriores (como en Nápoles), su construcción se inició en 1865 y quizá sea uno de los pasajes comerciales más famosos del mundo.Conecta la plaza del Duomo con la de la Scala, está llena de tiendas y en su interior se encuentra el único hotel de siete estrellas de Europa, el Seven Stars Galleria. Las imponentes bóvedas de cristal de la cubierta se elevan a 47 metros, mientras que en el suelo se encuentra el emblema de los Saboya junto a los escudos de las grandes ciudades italianas: Turín, Roma, Florencia y Milán.


Interior de la Galería Vittorio Emmanuele
La imponente Galería bajo la bóveda central.

4. Por el Castillo Sforzesco: cuando comenzó a construirse en el siglo XIV quedaba fuera de la muralla, ahora está muy cerca del centro, a un paseo de 15 minutos. Al principio fue el palacio de los
Visconti y más tarde pasó a la familia Sforza que lo convirtió en una residencia renacentista. Sus muros albergaron a personajes como Bramante y Leonardo. Años después, bajo dominio español y austríaco, fue decayendo, usándose con fines militares. A finales del siglo XIX se restauró y se convirtió en un museo muy interesante.

Lo más destacado de esta visita es la combinación de la arquitectura defensiva y palaciega del castillo - presente en la torre del Filarete, el patio ducal y las torres de vigilancia-  con la exposición interna de obras artísticas muy variadas. Lo que más me gustó fue la Sala delle Asse, ideada por Leonardo, y decorada con frescos que dan la sensación de estar al aire libre. También merece la pena la magnífica Piedad Rondanini, obra final del gran Miguel Ángel que quedó inacabada.


Castillo Sforzesco
La torre del Filarete da la bienvenida al Castillo Sforzesco.

5. Por las obras de arte: una ciudad como Milán, que tantos artistas ha cobijado a lo largo del tiempo cuenta con una pinacoteca muy recomendable, la Galería de Brera. Está situada en la Academia de Bellas Artes, llena de estudiantes. Sin ser muy conocida, tiene entre sus fondos obras imprescindibles de la historia del arte como el Cristo yacente de Mantegna y Los Desposorios de la Virgen de Rafael.


Santa Maria delle Grazie
Fachada de Santa María delle Grazie, donde se encuentra
"La última Cena" de Leonardo da Vinci.


Más famosa que el citado museo, muchísimo más, es la iglesia Santa Maria delle Grazie, pero no en sí misma (que valor tiene), sino porque en su antiguo refectorio pintó Leonardo su emblemática Última Cena. Un fresco muy interesante, algo deteriorado y con unas medidas de seguridad increíbles. No recuerdo cuántas entradas estancas pasamos antes de llegar a ella. No olvidéis comprar las entradas con bastante antelación antes de viajar.

6. Por sus iglesias: sobre todo, porque no siendo tan conocidas como el Duomo, tienen un valor artístico e histórico impresionante. Me quedaría con dos entre todas las que hay: San Ambrosio (que además es el patrón de la ciudad) y San Eustorgio. De la primera, decir que fue fundada en el año 380 por orden del obispo de Milán, el propio Ambrosio. En los siglos sucesivos se fue ampliando y yo destacaría el atrio que servía de cobijo al pueblo cuando había peligros, así como el magnífico sarcófago romano lleno de simbología religiosa.


San Ambrosio
Atrio de San Ambrosio.

San Eustorgio fue construida para albergar los restos de los Reyes Magos; en 1164 Barbarroja las llevó a Colonia, pero a principios del siglo XX algunas fueron devueltas. Es una iglesia preciosa, llena de obras de arte entre las que destacaría la Capilla Portinari, ejemplo de templo de planta central único en Milán. La belleza y ritmo de su construcción es plenamente renacentista.


Capilla Portinari
Detalle de la Capilla Portinari con la tumba de San Pedro Mártir.

7. Por sus calles, ambiente y cafés, y todo aquello que la hace ser una ciudad con mucha vida. Quizás menos alegre que las ciudades del sur de Italia, pero al fin y al cabo, un interesante lugar. Recomiendo especialmente pasear por el barrio de Brera con sus tiendas de anticuarios, de bellas artes y su multitud de cafés y restaurantes. El barrio de los Navigli, con sus canales navegables también merece una visita; es una buena opción para ir a comer en alguno de sus múltiples locales.


Navigli
Naviglio Grande.

Addenda: Desde el 1 de mayo hasta el 31 de octubre de 2015 tiene lugar en Milán la Exposición Universal que con el lema "Alimento para el Planeta, energía para la Vida" se centra en la alimentación y en todo lo que la rodea. 


Espero que con este post os entren ganas de viajar a Milán, esa gran desconocida a un par de horas de avión.

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8 planes para pasar un día en Milán por @imanesdeviaje


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