10/4/15

Estatuas viajeras (II)


En junio del año pasado escribí el primer post dedicado a las estatuas que he ido viendo en los viajes. Son elementos decorativos y artísticos que muchas veces trascienden este hecho y llevan detrás historias, a veces bonitas o curiosas, otras más terribles.

Las elegidas esta vez tienen casi todas un componente poético. Espero que os gusten si no las conocéis, y si ya las habéis visto, que este post os ayude a recordarlas.

1. Monumento a Imre Nagy en Budapest:

Detrás del Parlamento húngaro encontramos en una plaza esta estatua. Aparece mirando hacia atrás mientras se sitúa en un puente. La nostalgia parece invadir la composición, si no fuera porque sabemos que este político que llegó a primer ministro del país en la época comunista decidió abandonar la disciplina que le imponía el Partido y esto le causó la muerte. 

La obra parece simbolizar el dejar atrás la rigidez del pensamiento único y el intentar avanzar en buena dirección. La estatua se colocó en 1996.

Estatua de Imre Nagy en Budapest
Estatua levantada en memoria de Imre Nagy en Budapest.


2. Estatua de Robert Fergusson, Edimburgo:

Si bajáis caminando por la Royal Mile de Edimburgo hasta el palacio de Holyrood, muy probablemente veréis a la altura de la iglesia de Canongate la estatua de un hombre vestido a la manera del siglo XVIII. Parece caminar deprisa porque su levita flota al moverse con grandes  zancadas.

Se trata de un poeta no muy conocido por estos lares y cuyo nombre era Robert Fergusson. Nacido en la ciudad que acoge la estatua, llegó a tener mucho éxito en su corta vida gracias a su obra e influyó mucho en el más famoso Robert Burns.

Cuando murió a los 24 años fue enterrado en una tumba sin señalar en el cementerio que rodea la iglesia y Burns encargó, pagándola de su propio bolsillo, una lápida con un texto en memoria del joven poeta que tanto le había inspirado para sus propias creaciones.


Robert Fergusson por la Royal Mile
La estatua de Robert Fergusson de David Annand parece recorrer la Royal Mile.


3. Charles Chaplin en el Soho de Londres:

En uno de nuestros paseos por Londres, y más concretamente por la zona del Soho, en Leicester Square, rodeado de teatros y cines nos fijamos que había una pequeña estatua. ¡Qué sorpresa al acercarnos y comprobar que allí se levantaba ese personaje poético y mudo que fue Charlot!

Según he podido comprobar haciendo el post, ha sido cambiada recientemente de lugar y se sitúa no lejos de allí, a pie de calle en un sitio menos emblemático que esta plaza, auténtico corazón del West End.


Charlot en su emplazamiento de Leicester Square
Charles Chaplin como Charlot en el emplazamiento que tenía en Leicester Square.


4. El loro Ravachol en Pontevedra:

Menos poético pero muy simpático es el loro Ravachol de Pontevedra. Lo vimos de casualidad en nuestro paseo por la bonita ciudad en las vacaciones de 2011. Nos hizo gracia y aún sin conocer su historia lo fotografiamos; más tarde lo vimos estampado en camisetas y como símbolo de la ciudad en la oficina de turismo.

Era el loro que hacía compañía a un famoso farmacéutico de la ciudad que tenía la botica muy cerca de la iglesia de la Peregrina. Parece ser que animaba los paseos de los pontevedreses desde su lugar favorito, en un banco fuera de la farmacia (donde ahora está su estatua) y que tenía un carácter alborotador con sus frases llenas de gracia.

Incluso su muerte en 1913 apareció en los periódicos de la ciudad, y su entierro se organizó un miércoles de ceniza solicitándose a los asistentes, mediante bando municipal, que acudieran disfrazados como mejor les pareciera.

Desde el año 1985 se conmemora el fallecimiento y entierro de Ravachol dentro de los carnavales de Pontevedra.


Ravachol en su puesto
El loro Ravachol observa el paisanaje desde su puesto habitual.


5. El poeta José Ledesma en Salamanca:

Paseando por la bella calle San Pablo de mi ciudad se llega, ya al final, a un pequeño ensanchamiento donde asoma la antigua muralla.

Allí, sentado junto al jardín, un hombretón vestido con capa charra y gorra contempla una placa que hay en la pared cercana. Se trata de José Ledesma, bardo salmantino conocido por todos, ya que era de carácter amable y simpático. Lo recuerdo paseando por el Barrio Antiguo (le gustaba acercarse al lugar donde se encuentra su estatua) con su tamaño imponente, la capa y la gorra, y en una ocasión tomé café con él y un grupo de amigos.

Murió en el año 2005 y al poco de inaugurarse su estatua (obra de Fernando Mayoral), vimos a su viuda y dos nietos que estaban allí, sentados a su lado y hablando del abuelo que tan bien pueden recordar con esta bonita estatua.

José Ledesma en su rincón
José Ledesma en su rincón favorito de Salamanca.

¿Os ha gustado el recorrido?


4 comentarios :

  1. La que más me ha gustado ha sido el Loro, aunque son todas muy bonitas besos

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  2. Me alegro de que te haya gustado el recorrido.

    Un abrazo.

    Cristina.

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  3. jejeje, la de José Ledesma la tengo muy reciente de mi visita a Salamanca :)

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    Respuestas
    1. La viste ¿eh?, está en un lugar que no es muy de tránsito pero que es muy agradable.

      Me alegro de que disfrutaras de mi ciudad.

      Un saludo.

      Cristina.

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