15/12/13

Hotel A Quinta da Auga, Santiago de Compostela

Cuando busco un hotel , busco algo más que un lugar para dormir y a ser posible descansar. Intento, aunque no siempre lo logro, que tenga algo especial. Esto puede ser el lugar donde se encuentra, el ambiente, la decoración, el entorno, la atención etc. Hay veces, en que se unen todas y entonces puedo darme enteramente por satisfecha en mi búsqueda un tanto ansiosa.

Este es el caso de A Quinta da Auga. La cosa es que llegué con las dudas que suelo tener cuando las expectativas son elevadas. El miedo a la decepción suele ser un sentimiento que tengo siempre antes de los viajes y en este caso se diluyó casi inmediatamente después de la llegada.




Uno de los laterales del hotel en rojos y verdes.

Como el avión aterrizó pronto estuvimos, mi marido e infatigable compañero de viajes y yo, paseando por el jardín del hotel que a esas horas estaba cubierto de rocío, con el ruido del río Sar que pasa por allí y en medio de un verdor que se agradece cuando una viene de la llanura manchega. La pequeña colina con el césped brillante, el cañaveral del bambú, el río…..todo es de lo más evocador.


A Quinta da Auga, jardín
Rincón del jardín y río Sar.

Pudimos ocupar la habitación en torno a  la una de la tarde y me sorprendió el cuidado puesto en que las contraventanas cerraran perfectamente, así como el aislamiento de la casa, que está perfectamente medido para no pasar frío ni calor.


A Quinta da Auga habitación
Rincón de nuestra habitación con gruesos muros de piedra.

Los detalles interiores son infinitos, la decoración entre afrancesada e inglesa, los entelados de las paredes, el olor de los interiores con su propio aroma, el salón de la chimenea, la cafetería a modo de bistrot parisino, el salón de desayunos que comparte espacio con el restaurante Filigrana. 

La decoración floral y vegetal, que tanto aporta a la hora de poner alma a un espacio, está cuidada hasta en el menor detalle, tanto en la combinación de colores como en la disposición. Hasta el dibujo que ilustra los mantelitos de la cafetería está realizado por David Pintor, un estupendo ilustrador santiagués.

Capítulo a parte merecen el desayuno y el spa. El primero está preparado con cuidado y detalle, lleno de productos de calidad y de la tierra. Zumos naturales, bollería crujiente, tostadas con pan gallego, embutidos estupendo y todo aquello que puedas desear.

El SPA, situado en un ala “moderna” es pequeño, pero muy completo, agradabilísimo al estar bajo una cubierta acristalada desde la que se ve el cielo y el verde del entorno. La atención del personal, exquisita, como en todo momento en este trozo de cielo en la tierra.



Si algún pero le puedo poner a esta joya, es la lejanía al centro monumental de Santiago, sin embargo el autobús número 8 llega a 100 metros del hotel y tiene una regularidad de cada media hora en invierno y un poco más en verano cuando paran las clases de la Universidad. Asimismo una carrera en taxi por la noche nos salió por cinco euros, lo cual no es desorbitado.

La búsqueda de ese detalle, de esa atención se percibe también en la presencia cotidiana de la dueña de la casa que, con sabiduría, supo levantar de unos cuantos muros de una antigua fábrica de papel este espacio único y recomendable.


Fachada del hotel
Fachada principal de A Quinta da Auga.

A Quinta da Auga pertenece a la cadena Relais et Chateaux que está realizando diversas propuestas dentro de lo que llaman la “Ruta de la Felicidad”; desde septiembre de este año este estupendo establecimiento forma parte de mi Ruta de la Felicidad particular.


Lo mejor de A Quinta da Auga: la decoración y la recuperación del edificio que lo hacen  único.
Lo peor de A Quinta da Auga: por decir algo, que no está en el centro de Santiago., lo cual tiene su encanto.

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