28/8/19

Qué hacer en Burgos: tres días de arte, historia y gastronomía

Burgos ha sido una de nuestras grandes sorpresas viajera este verano. Ya la conocíamos de una visita casi veinte años atrás pero regresar a ella con calma nos ha permitido disfrutarla en su aspecto cultural e histórico, como a nosotros nos gusta.

Además su gastronomía ha supuesto un estupendo plus que se agradece tras las jornadas intensas y calurosas en la ciudad castellana. Así pues, aquí os traigo qué hacer en Burgos durante tres días de arte, historia y buena comida.





Qué hacer en Burgos tres días muy completos


Qué hacer en Burgos catedral





Día 1.

Llegamos a Burgos con las ideas bastante claras de lo que queríamos hacer y más o menos a la hora de comer.  Nuestro hotel, el estupendo Landa Palace, ofrece durante todo el día una carta de tapeo que nos vino muy bien para tomar algo rápido.

Habíamos quedado con Raquel de Promueve Burgos bajo el Arco de Santa María. Este emblemático lugar hoy ha recuperado la llamada sala de Poridad en su interior (os recomiendo su artesonado mudéjar) y cuenta también con un mural de Vela Zanetti.

Sin duda es un lugar estupendo para quedar con alguien, me recuerda al "debajo del reloj" de mi Salamanca. Desde allí puedes observar no sólo el Arco, sino también las casas que con cierto toque del norte (esos miradores), se asoman al precioso Paseo del Espolón.




Arco de Santa María y casas del Espolón


Es un verdadero lujo contar con alguien del lugar cuando vas descubriendo una ciudad porque te transmiten sus vivencias y recuerdos, dándole un toque especial a esa visita. Raquel nos llevó por los alrededores de la Catedral, omnipresente en Burgos, a través de un montón de plazas repletas de color y vida.

La Catedral surgió de la mano del Camino de Santiago pero no me imaginaba yo que el Camino pasa "tan" cerca de la seo burgalesa; de hecho justo por detrás, paralelo a la antigua muralla. La plaza de la Flora, la Plaza Mayor, La Llana de Afuera etc, fueron pasando en una sucesión de buen ambiente y de trasiego de turistas, peregrinos y burgaleses.

Plaza de La Flora


Las catedrales son para visitarlas pero también para rodearlas. Así sucede también con la imponente Catedral burgalesa. No es lo mismo verla desde el Arco de Santa María que delante de su frontal gótico. Y tampoco es lo mismo verla a lo lejos, con el saliente de la Capilla de los Condestables; eso sí, siempre deja sin aliento con su volumen y calidad de hechuras.

Conviene, pues, "perder un poco el tiempo, en ese paseo en torno a la mole catedralicia antes de entrar en ella. Y una vez dentro disfrutarla con tiempo y con calma. Esa tarde había bastante gente pero vimos los lugares más emblemáticos y, sobre todo, pudimos admirar la estupenda restauración que le ha dado nuevo tono a la piedra dúctil de las canteras de Hontoria y Cubillo del Campo.

También se han recuperado las policromías de portadas y demás elementos constructivos, lo que da que pensar cómo sería hace casi 800 años, cuando se construyó, posiblemente estuviera llena de color.

Tras esta primer aproximación a la Catedral, fuimos en coche hasta el Castillo en una subida espectacular. ¡Qué cerca está del centro de la ciudad y qué verdor proporciona a Burgos! El Castillo fue fundado en el año 884 por el Conde Diego Porcelos. Hoy en día se pueden visitar sus restos y disfrutar de unas vistas inmejorables sobre la ciudad. A nosotros en ese rato nos cayó un impresionante chaparrón propio del verano.


Nos despedimos de Raquel y nos fuimos a la zona de tapeo que nos había recomendado. Así, como no era muy tarde, tuvimos la suerte de poder cenar en El Morito, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. No se puede reservar mesa, así que la clave está en no dejar la cena para una hora avanzada.

Después, dimos un breve paseo por El Espolón y volvimos al hotel a descansar tras un día de viaje, arte y mucho encanto.



Fachada de la Catedral de Burgos






Día 2.


Nuestro segundo día iba a ser igual de intenso que el anterior, así que madrugamos relativamente para desayunar en el hotel antes de coger el coche y poner rumbo al monasterio trapense de San Pedro de Cardeña.

Este monasterio está unido al Cid para siempre ya que en él estuvo enterrado el héroe castellano hasta el siglo XIX. Las visitas a este monasterio de la observancia más estricta del Císter se hacen con la guía de un monje trapense que, en nuestro caso, además de sabio contaba con un peculiar sentido del humor que hizo muy amena la visita. Se agradece que en lugares tan cargados de historia y leyenda haya una voz singular que da su punto de vista.

El monasterio de Cardeña se encuentra a unos doce kilómetros de Burgos y su origen, algo incierto, se hunde en el siglo IX. Un lugar sin duda para no pasar por alto. 



San Pedro de Cardeña



Según se va a San Pedro, se deja de lado la salida de la Cartuja de Miraflores, pero no debemos olvidarnos de tomar este desvío al regresar del monasterio trapense ya que, es esta visita imprescindible en la ciudad (junto con la Catedral).

Esta bella Cartuja es uno de los monumentos gótico tardíos más hermosos. Al exterior la Cartuja mantiene cierta sobriedad castellana aderezada con pináculos góticos y remates que animan a pensar qué encontrará uno dentro.

Y así es, el esplendor de la iglesia es innegable. No hay que olvidar que iba a ser panteón real para los padres de Isabel La Católica: Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. En la Cartuja intervinieron los mejores artistas de la época:  Simón de Colonia, Gil de Siloé y Pedro Berruguete dejaron su impronta en esta joya en la que uno puede pasar las horas muertas.


Cartuja de Miraflores



Si el retablo es magnífico, no lo es menos el catafalco funerario real, ni la tumba del infante Don Alfonso, ni la sillería del coro etc. La riqueza ornamental apabulla, pero también deja sin palabras la capacidad narrativa del retablo y el simbolismo religioso y real de todo el conjunto.


Si tengo que recomendar dos cosas que hacer en Burgos para alguien con poco tiempo, lo tengo claro: la Cartuja y la Catedral, tan unidas en muchas cosas y tan fundamentales en el arte español.


Retablo de la Cartuja de Miraflores


Tras tanta belleza y entre el verdor de los parques que rodean la Cartuja, más verde en Burgos, nos fuimos a buscar aparcamiento cerca del Museo de la Evolución. Habíamos quedado para comer y pasar la tarde con Mar y José Luis, amigos y blogueros de A un clic de la Aventura.

De nuevo me reitero, nada mejor que estar en buena compañía y si es del lugar, perfecto. Nos llevaron a comer al Huerto de Roque, un restaurante de cocina de mercado basada en lo tradicional, pero con un toque moderno y sabroso.


Huerto de Roque


Después de comer dimos un largo paseo que nos llevó por los restos de la muralla burgalesa, pasando por el Palacio de la Isla (que vimos desde fuera) y, siguiendo el cauce del río Arlanzón, hasta el Museo de la Evolución Humana.

Allí pasamos gran parte de la tarde, aprendiendo de homínidos, descubrimientos de la Sierra de Atapuerca y hasta de cómo era el barco de Darwin.

De nuevo cruzamos el río para tomar algo fresco en una terraza y despedirnos a la vera de la estatua del Cid, no sin antes habernos asomado a la Casa del Cordón, el palacio de los poderosos Condestables de Castilla.

¡Gracias Mar y José Luis por esa jornada burgalesa! Aprendimos un montón con vosotros, y lo que es más, nos reímos mucho.


Estatua del Cid




Día 3.

Teníamos que volver a la Catedral, no podíamos evitar un recorrido quizás con menos visitantes y atendiendo a detalles pasados por alto dos días antes.

Así que utilizamos las pulseras de la llamada Ruta del Gótico que sirven para visitar la Catedral y los otros tres templos góticos que la rodean y que forman un conjunto único.

Reconozco que quizás seamos algo especiales a la hora de hacer visitas, nos gusta tomarlo con calma y nada mejor que hacer en Burgos un recorrido pausado por la Catedral, uno de los mejores ejemplos del gótico. La Capilla del Condestable, la Escalera Dorada o la Capilla de Santa Ana son por sí mismas excusa perfecta para la demora; y eso que el trasaltar de Felipe Vigarny está en restauración.

Lo dicho, merece más de una visita y, sobre todo, mucha calma.



Cúpula de la Capilla del Condestable


Salimos de la Catedral con el tiempo algo ajustado para visitar las tres iglesias, pero no hubo problema ya que, curiosamente, no tenían apenas visitantes. La primera, la de San Nicolás es una maravilla pequeña que atesora un increíble retablo en piedra de Francisco de Colonia. Además, si pasas por la sacristía, verás más allá la colección pequeña y magnífica de tapices flamencos que guarda.

San Nicolás retablo de piedra


A poca distancia se encuentra San Esteban, reconvertida en el Museo Diocesano del Retablo. Si te gustan, como a mí, estas obras de arte sacro, este es tu museo porque hay gran variedad de tipologías de retablos traídos de diferentes lugares de la provincia de Burgos.


Museo del Retablo


Sólo nos quedaba San Gil, una gran iglesia de tamaño imponente que guarda tesoros como la capilla de la Natividad. Estuvimos poco rato ya que estaban celebrando una misa y después se daban prisa en apagar las luces.

Ya era la hora de comer y esa mañana habíamos tenido la suerte de conseguir mesa en el aclamado Cobo Vintage, el restaurante burgalés que cuenta con una estrella Michelín merecidísima y trabajada. El menú de mercado, de competitivo precio, nos esperaba para comer en poco tiempo pero el suficiente para apreciar todo el sabor de la cocina de Miguel Cobo, Cantábrico y Castilla unidos en unos platos exquisitos.



Entrante en Cobo Vintage


Para terminar nuestra tercera jornada burgalesa nos esperaba Raquel, quien nos llevó al Monasterio de Las Huelgas Reales.

El monasterio de las damas de alta alcurnia se sitúa en una zona apartada de la ciudad, que asemeja un pueblo y que antiguamente estaba bajo los dominios de la abadesa.

Hoy en día se puede recorrer su singular iglesia, su museo lleno de tesoros de cientos de años atrás y sus claustros silenciosos y recogidos. No se pueden hacer fotos y además las visitas, siempre guiadas, son acompañados de guardias de seguridad algo intimidatorios.

A pesar de todo, sería mi tercera visita fundamental en Burgos. Tras recorrer las Huelgas nos acercamos a la sede de la Universidad de Burgos, un campus lleno de verdor, de detalles platerescos y , en las noches de verano, hasta de música en directo. ¡Todo un descubrimiento! Asómate si vas por allí a la curiosa ermita de San Amaro, un lugar para el recogimiento de los peregrinos en su Camino a Santiago.

Claustro de Las Huelgas Reales


La jornada terminó con un merecido baño en la piscina de nuestro hotel; esos días hacía mucho calor incluso en Burgos.

¿Qué te parece nuestro recorrido? Tres jornadas intensas en Burgos que, como habréis visto, es Catedral y muchísimo más.

Así que si alguien os pregunta ¿qué hacer en Burgos tres días?, pues infinidad de cosas y aún nos quedaron en el tintero...¡así volveremos con ganas a esta preciosa ciudad de Castilla y León!



Muchas gracias a Raquel, Mar y José Luis por vuestro tiempo y por lo bien que nos habéis transmitido vuestra ciudad. ¡Así da gusto!




2 comentarios :

  1. Me ha encantado tu relato, si no viviese en Burgos me hubieran entrado unas ganas enormes de visitar la ciudad. Pasamos un rato estupendo y me alegro de haber podido acompañaros en parte de vuestra visita.
    Aquí os esperamos para hacer alguna de esas excursiones de las que hablamos.
    Un beso de parte de los dos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Mar. Me alegro de que te haya gustado este pequeño resumen de todo lo que hicimos. La verdad es que escribiéndolo me di cuenta de lo mucho que nos cundió el tiempo y eso que fuimos en plan tranquilo.

      Burgos está precioso, así que no descartamos volver en breve y esperamos que nos llevéis a esos sitios que nos contasteis tan apetecibles.

      Un beso.

      Eliminar

Muchas gracias por dejar tu comentario en Ida y Vuelta.

COLABORACIONES